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Un destino increíble

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En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia. Efesios 1:7, NVI.

En la meditación de ayer, te conté sobre nuestro largo y desafiante viaje para llegar a un lugar único de China. Logramos parar varios taxis, pero no podíamos decirles adónde queríamos ir. Yo no hablaba su idioma, y ellos no hablaban el mío. Como hablo algunos idiomas, intentaba con todos ellos para ver si algún conductor entendía alguno, pero nada funcionaba. Finalmente tuve una idea. Saqué mi cuaderno de viajes y comencé a dibujar una imagen del lugar donde quería ir. No soy artista, pero el taxista logró entender mi boceto y pronto estábamos saliendo de la ciudad. ¡A la distancia podía ver nuestro destino final!

Pronto nos dejaron a la orilla del río Li y abordamos un bote bajo y plano en el que nos dirigimos río arriba. Para nuestro gozo y deleite, ¡habíamos llegado a nuestro destino! ¡Ahora nos rodeaban las misteriosas formaciones montañosas de caliza del valle del río Li! ¡Todo el viaje, desde el aeropuerto de Hong Kong hasta el río Li, había transcurrido en el mismo día! Fue un viaje maravilloso, con muchos pasos y desafíos por el camino. Ese día montamos en trenes, automóviles, botes, autobuses, el metro y aviones para poder llegar a nuestro destino.

Dios nos ha invitado a cada uno de nosotros a un destino maravilloso: el cielo; pero como hemos caído en pecado, hay un precio que pagar. La buena noticia es que Jesús borró nuestros pecados con su sangre; es como que pagó el precio de nuestro boleto al cielo. No tenemos que comprar ningún boleto ni dibujar un boceto de nuestro destino. Todo está pagado, y lo único que tenemos que hacer es aceptar este boleto gratuito. ¿Aceptarás tu boleto hoy?