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¿Para qué tenemos que ir a la escuela?

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"Tú mismo me hiciste y me formaste; ¡dame inteligencia para aprender tus mandamientos!" (Salmo 119:73).

En la época griega, las escuelas eran para ciertos grupos de personas que aprendían materias intelectuales. Usaban tablillas de madera recubiertas con cera. En los tiempos bíblicos, las escuelas funcionaban en los templos y solamente los varones podían asistir. A partir del año 1789, comenzaron a existir las escuelas para que los hijos de los trabajadores estuvieran cuidados mientras sus padres trabajaban. Como estas dieron buenos resultados, cada país eligió cómo hacer las escuelas. A partir del año 1989, ir a la escuela se convirtió en un derecho para todos los niños.

Aprender es crecer, descubrir y saber más. En cambio, si no aprendemos, comenzamos a olvidar, a despreciar lo que es bueno, a convertirnos en holgazanes y terminamos siendo necios. El rey Salomón observó que las personas que aprenden son aquellas que permiten que Dios las forme en personas buenas y amables. Pero también descubrió con gran tristeza que había personas que no querían aprender y se jactaban de lo único que sabían.

Una persona que aprende es como un tren que avanza. En nuestra vida cristiana, el motor es Jesús, quien nos da la fuerza o el deseo de aprender cada día más. La Biblia dice: "Tú mismo me hiciste y me formaste; ¡dame inteligencia para aprender tus mandamientos!" (Salmo 119:73).

Desafío:Dibuja un tren y en cada vagón escribe los nombres de tu familia. ¿Qué nombre escribirás en la cabina del conductor?

Lee más en la Biblia, [Proverbios 18:3].

Crecimiento espiritual