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Oración de fe

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Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Génesis 15:2.

Mientras escribo estas líneas, recibo un mensaje de texto en mi celular.

Nuestra hija menor, Mariela, me confirma una preciosa sospecha: "Vas a ser abuelo". Su bebé ya mide ¡tres centímetros! No sé si será nieta o nieto, pero desde este momento amo estos "tres centímetros". Mariela anhelaba tener un hijo. Lo buscó. Luchó. Y finalmente, en ella está creciendo nuestra descendencia.

Un hijo es un préstamo divino para que aprendamos a amar a otro ser más que a nosotros mismos. Para que aprendamos a transformar nuestros peores defectos en virtudes y ejemplos de vida. Ser madre o padre es el mayor acto de valentía, porque es exponerse al dolor, a los miedos y a los riesgos de las malas decisiones. Un hijo es una preocupación fecunda. Es un acto de fe. Es un préstamo divino a cuenta del futuro.

Dios conoce el valor de un hijo. Y quiso bendecir a Abraham y a Sara con un descendiente que asegurara el futuro de su pueblo (Gén. 12:1-3). Pero pasaron 25 años, y la promesa no se cumplía. Entonces, cuando Dios renovó su promesa de darle una gran recompensa, Abraham preguntó: "¿De qué me sirve que me des recompensa, si tú bien sabes que no tengo hijos?" (Gén. 15:2, DHH). Eliezer, su principal mayordomo, era su único heredero. Dios le contestó: "Tu heredero va a ser tu propio hijo, y no un extraño" (vers. 4, DHH). Dice la Biblia que "Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia" (vers. 6; énfasis agregado).

Es muy interesante que, en hebreo, el término "creer" tiene la misma raíz que "amén", y significa "me apoyo en". Es decir, Abraham puso su esperanza en Dios. Se apoyó en Dios. No en sí mismo, ni en las leyes de la biología ni en lo que veía. Y esto le fue "contado por justicia".

Hoy, quizá la vida te esté golpeando; ¿tienes un pedido a Dios en tu corazón? Apóyate en él. ¡Qué bueno que puedas hablar con Jesús! Él te dará siempre lo que realmente necesites. Él se alegra de que te afirmes en él, que lo tomes en cuenta. Y, maravillosamente, ¡eso te hace justo (Rom. 4:3)!

Oración de fe

Oración: Gracias, Señor, por los hijos, y ayúdanos a criarlos.