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Oración intercesora

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Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Exodo 32:31, 32.

"Mi memoria es magnífica para olvidar", dijo cierta vez el conocido escritor Robert Louis Stevenson. Los seres humanos olvidamos fácilmente. ¡Amar es más difícil que olvidar! Tú y yo volvemos a tropezar una y otra vez con la misma piedra, porque olvidamos con ligereza las lecciones que aprendimos de nuestros errores.

El pueblo de Israel no fue una excepción al olvido fácil: solo unos pocos días bastaron para olvidar el pacto solemne con Dios (Éxo. 19:8). Los hebreos habían temblado de terror ante el monte cuando escucharon las palabras: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Exo. 20:3). Pero fue suficiente que Moisés se tardara en el monte unos días para que no recordaran su promesa y le pidieran a Aarón otros dioses (Éxo. 32:1).

¡Cómo no se iba a airar Moisés al ver semejante espectáculo de idolatría en Israel (Éxo. 32:18-22)! Sí, se llenó de ira, "pero no pecó" (ver Efe. 4:26), porque amaba entrañablemente a su pueblo. Entonces fue ante el Señor, y en su confesión dijo: "Te ruego [...] que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito".

Dice Elena de White: "La intercesión de Moisés en favor de Israel ilustra la mediación de Cristo en favor de los pecadores" (PP 337).

Dios conoce nuestra frágil memoria, por eso nos insta una y otra vez a recordar: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo [...] porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra [...] y reposó en el séptimo" (Éxo. 20:8- 11). "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido" (Deut. 5:15). "Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas" (Deut. 8:18). "Acuérdate de los tiempos antiguos" (Deut. 32:7). Y finalmente: "Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo" (Apoc. 3:3).

¿Recuerdas tu primer encuentro con Jesús? ¿Recuerdas aquella oración cuya respuesta te cambió la vida? ¿Recuerdas cómo te sentiste en aquel momento? ¡Qué grande es Dios!

Oración: Señor, ayúdame a recordar.