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Oración por quejas

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Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda [...] y dijo Moisés a Jehová [...]: No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Números 11:10-14.

Cuán fácil es empujar a la gente, pero cuán difícil es guiarla. Moisés está cansado de las quejas de aquel pueblo, y le reprocha a Jehová: "¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?" (Núm. 11:12).

La queja de Moisés no es de la misma naturaleza que las de los israelitas. Como líder, el profeta había sido intachable, humilde, consagrado, preocupado por su pueblo más que por sí mismo; pero su paciencia se había agotado. La queja continua de los eternos disconformes era más fuerte que las fatigas y el dolor del desierto. El dolor duele menos que la queja. Ahora querían carne, como comían en Egipto (Núm. 11:4, 5). ¡En el desierto!

Ningún necio se queja de serlo; por eso creían que no les iría mal si se quejaban. Pero les fue mal: comieron carne hasta que se hartaron, y muchos enfermaron y murieron (Núm. 11:33, 34). Nadie se queja de tener lo que no merece. Pero ellos se quejaban, aunque no merecían nada. Los esclavos no merecen nada. Pero ¡la gracia de Dios nos trata como si todo lo mereciéramos! ¡Nunca olvidemos esto!

Aquellos hebreos habían nacido llorando, habían vivido quejándose, y estaban muriendo desilusionados en el desierto.

Esto también nos puede ocurrir a nosotros: ir por la vida quejándonos porque no valoramos lo que Dios nos da, y olvidamos de dónde hemos sido liberados. Estábamos muertos, y ¡Dios nos dio vida en Jesús! (ver Efe. 2:5).

Acabo de cortar una llamada telefónica con una chica que llenó casi media hora de conversación con sus quejas. Remató su discurso con: "Dios sabrá cuándo cambiará mi vida". Le dije: "Dios ya lo sabe, pero es necesario que tú lo sepas".

No esperes que Dios haga lo que tú tienes que hacer. El pone sueños en tu corazón, y te ayuda a darles vida. Tú eres el que toma las decisiones, pagas el precio, luchas y perseveras. ¡Sin quejarte!

Oración: Ayúdame, Señor, a ser agradecido.


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