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Oración interrogativa

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Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; y tú dices: ¡Les daré carne, y comerán un mes entero! ¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? Números 11:21, 22.

¿Quieres que se cumplan siempre tus deseos?

Los israelitas deseaban carne. Y Dios satisfizo su deseo. Pero ¿a qué precio?

Aristóteles afirmaba que "el deseo es la principal fuerza motriz de la vida". Creo que tenía bastante razón. Es imposible vivir sin desear algo. Alguien dijo que al alma se la mide por la amplitud y la dignidad de sus deseos, del mismo modo que se juzga la elegancia de un árbol por la altura de su copa.

Pero, cuando tú y yo deseamos algo, corremos riesgos, porque el deseo es peligroso. Más aún: ¡Quizá tengamos la desdicha de alcanzarlo! No se trata de desear, sino de saber qué deseamos. ¡Qué fácil es el autoengaño! ¡Cuántas veces la satisfacción de un deseo significó una maldición! Por eso, Pablo dice: "De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Rom. 8:26).

Ahí estaban "seiscientas mil" personas pidiendo carne en el desierto. Moisés le hizo a Dios una pregunta muy prudente: ¿De dónde sacarás tanta carne? Y, mira cómo Dios le respondió: "Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento" (Núm. 11:31). Y el pueblo comió codornices de día y de noche, y tal fue la indigestión que murieron miles (vers. 33).

Los israelitas recibieron "lo que no era para su mayor beneficio, porque habían insistido en desearlo; no querían conformarse con las cosas que mejor podían aprovecharles. Sus deseos rebeldes fueron satisfechos, pero se les dejó que sufrieran las consecuencias" (PP 401).

No pretendamos que las cosas ocurran como queremos. A veces es mejor que no se cumplan nuestros deseos. Deseemos, más bien, que ocurran de acuerdo con la voluntad de Dios, y estaremos en paz.

Dios está dispuesto a cumplir tus deseos más profundos. Pide a Dios sabiduría para saber qué necesitas realmente. Jesús pondrá en tu corazón los mejores deseos para tu bien.

Oración: Señor, haz que conozca tus deseos para mi vida.


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