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Oración por justicia

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Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová:

No mires a su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal. Números 16:15.

¿Te enojas a menudo? ¿Qué sientes después de enojarte? ¿Has resuelto algo bajo el impulso de la ira?

De joven, yo me enojaba a menudo. Con los años, ya no me enojo tan seguido, no porque no tenga ganas, sino ¡porque el cuerpo ya no aguanta! Por eso, antes de enojarme pienso dos veces. Si de joven hubiera seguido este principio, habría sufrido menos y hubiese herido a menos personas. Un proverbio tibetano dice que "la paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor".

El enojo puede ser tu peor enemigo porque, bajo la ira, tu primera reacción suele ser equivocada. Puede, además, ser muy injusto, porque nos enojamos más fácilmente con nuestros seres queridos, con los más cercanos, con los que nos cuidan y nos aman, que con terceros lejanos.

Sin embargo, hay un enojo diferente. El apóstol Pablo lo expresa de esta manera: "Airaos, pero no pequéis" (Efe. 4:26). ¿Cuándo está justificado el enojo? Muy pocas veces. Cuando Jesús vació el Templo de cambistas y vendedores de animales, manifestó una gran emoción e ira (Juan 2:13-22). La emoción de Jesús fue descrita como "celo" por la casa de Dios (Juan 2:17; ver Sal. 69:9). En otra ocasión, cuando los fariseos se rehusaron a responder las preguntas de Jesús, "[los miró] con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones" (Mar. 3:5). Este sentimiento fue el que tuvo Moisés: tristeza por la traición y la rebelión organizada por Coré, un primo hermano del profeta y un alto dirigente de Israel.

Cuando te enojas dignamente por amor a la verdad de Jesús, Dios se ocupa, a su tiempo, del motivo de tu enojo, así como se ocupó de Coré (Núm. 16:23-32).

Pero, si te enojas y te avergüenzas por tus reacciones y has producido en personas inocentes "cien días de dolor", ¿qué mejor que llevar este asunto al Señor?

La oración constante, sincera, secreta, profunda y diaria te hará de a poquito, hora tras hora, día tras día, transitar por el camino de la mansedumbre.

Oración: Señor, enséñame la senda del manso.