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Oración de confesión

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Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión. Daniel 9:3, 4.

Daniel 9:3 al 19 es una de las oraciones más extensas y emotivas de la Biblia.

Angustiado por el tiempo que aún duraría el cautiverio de su pueblo a manos de los babilonios, Daniel estudió las profecías de Jeremías. Estas eran muy claras; tan claras, en realidad, que por los testimonios registrados en los libros entendió "el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años" (vers. 2).

Con una fe fundada en la segura palabra profética, Daniel rogó al Señor que estas promesas se cumpliesen rápidamente. Daniel sentía preocupación por el destino de su pueblo y ansiedad por la libertad de los cautivos. En su petición, se identificó plenamente con los que no habían cumplido el propósito divino, y confesó los pecados de ellos como propios.

Aunque el profeta era "muy amado" de Dios (Dan. 10:11), a quien había servido durante mucho tiempo, se presenta ahora delante de Dios como pecador, e insiste en la gran necesidad del pueblo al que ama. Su oración es elocuente, sencilla y de un fervor intenso. Escuchémoslo interceder delante de Dios: "Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas [...]. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias" (Dan. 9:5, 18).

Elena de White dice que "el Cielo se inclina para oír la ferviente súplica del profeta" (PR 408). "Hay a vuestro alrededor aquellos que sufren desgracias, que necesitan palabras de simpatía, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y compasivas" (LO 246). "Oremos no solo por nosotros mismos sino también por los que nos han hecho daño y continúan perjudicándonos. Orad, orad sobre todo mentalmente [...]. Hay a vuestro alrededor aquellos que sufren desgracias, que necesitan palabras de simpatía, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y compasivas (ibíd., pp. 245,246).

El Cielo se inclina ante las oraciones intercesoras.

Oración: Señor, enséñame cómo orar por los demás.