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Oración y teofanía

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Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel [...] cuando el varón Gabriel [...] habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Daniel 9:20-22.

¿No crees que Dios dirige tu historia y la del mundo?

La oración es el "acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo" (CC 93). Es un movimiento que se inicia en el corazón humano y que trasciende hacia la Deidad. Por otra parte, la "teofanía" (del griego: theos, Dios, y faino, manifestación) es un movimiento que se inicia en Dios para alcanzar al hombre; es como una oración invertida: constituye una manifestación visible de Dios en la vida del creyente.

Ambos movimientos, de ida y de vuelta, completan la comunicación entre la criatura y el Creador. Por lo general, las teofanías bíblicas parecen ser independientes de las acciones humanas; son intervenciones directas de Dios con algún propósito especial. Muchas veces se relacionan con misiones que Dios encarga a ciertos hombres, como las teofanías de la "zarza ardiente" a Moisés (Éxo. 3) y la del varón de la "espada desenvainada" que se le apareció a Josué (Jos. 5). Otras veces, comunican un mensaje directo de Dios, como cuando se le informó a Abraham de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Gén. 18); y otras veces tienen el propósito de hacerle sentir al desvalido que Dios está allí, con él, para protegerlo y ayudarlo, como en el caso de Agar o de Jacob (Gén. 21:17; 28:10-20).

Pero hay momentos notables cuando la teofanía y la oración se integran e interactúan, en un intercambio sublime, como es el caso de la oración de Daniel, que produjo la respuesta inmediata de Dios por medio del arcángel Gabriel en Daniel 9. La oración de Daniel recibió una teofanía. En su amor, Dios le hizo saber al profeta que, más allá de la frágil condición de su pueblo, él dirigía los acontecimientos. El ángel Gabriel le explicó a un Daniel confundido y anhelante de conocimiento la profecía de las setenta semanas, que anunciaba la llegada del "Mesías Príncipe", Jesús, para salvar al mundo (vers. 25).

¡Bendita oración, que te une al corazón del Infinito para que conozcas su voluntad! En tu hora de prueba, Dios podrá "darte sabiduría y entendimiento". Tu oración tendrá eco en la eternidad.

Oración: Señor, ilumíname en la prueba.