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Oración de un rechazado

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Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos. Jonás 2:3, 4.

¿Te has sentido rechazado por Dios alguna vez?

"Desechado soy de delante de tus ojos", dice Jonás (Jon. 2:4) ¿Es esto así? Jonás se sintió desechado, pero Dios no lo había desechado.

En su idea hebrea de la absoluta soberanía divina, donde Dios es causa de todo, aun de lo que no impide, escribe: "Me echaste en lo profundo, en medio de los mares" (vers. 3). Pero Jonás sabía que él les había dicho a los marineros que lo tiraran al agua. Su conciencia culpable lo hacía sentir desechado por Dios, y en forma justificada, porque había desobedecido. Así nos sentimos cuando pecamos.

Como buen judío, Jonás unía la obediencia con bendición y la desobediencia con maldición (Deut. 7; 28). Pero no podemos leer el Antiguo Testamento sin la mediación de la gracia de Dios en Jesucristo.

Algunos comentarios bíblicos de Lamentaciones 2:20 hieren el corazón. Afirman que los judíos merecían el dolor padecido por la conquista de los babilonios, porque no habían obedecido a Dios. ¿Cuánto antisemitismo puede soportar la lectura de la Biblia? ¿Qué culpa tenían las madres hebreas que, en aquella situación dantesca de guerra y hambre, se comían a sus hijos? (Lam. 2:20, 21). Tenemos encarnada la idea de que si desobedecemos recibiremos merecidas maldiciones. ¡Pero ni sabemos lo que significa obedecer a Dios!

La oración de Jonás fluye como la poseía, tiene el movimiento de las aguas de un río vistas desde las alturas: por momentos parecen que bajan, y por momentos que suben en sentido contrario. En Jonás 2:2, Jonás está convencido de que Dios lo escucha; en el versículo 4 se siente rechazado. Luego retomará la idea con la que comenzó, y terminará su oración con un canto de alabanza al Dios que salva.

Dios quiere y puede bendecirte ¡a pesar de tus desobediencias! Esto no significa que "hagamos males para que vengan bienes" (ver Rom. 3:8). Significa que puedes ir a Dios y confiar que lo hallarás aun cuando estés en el mismo "infierno" de Jonás, y ni siquiera puedas elevar la vista porque tienes vergüenza.

Oración: Gracias, Dios, por tu misericordia infinita.