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Oración e hipocresía

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Cuando ores, no seas como los hipócritas [...]. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Mateo 6:5, 6.

En el capítulo 5 de Mateo, el Rey habla de justicia: dice que sus súbditos deben superar la justicia de los escribas y los fariseos. El capítulo 6 de Mateo enseña que las obras de amor al prójimo no se dicen sino que se hacen, porque al hacerlas, se dicen solas. El mundo nos valorará por lo que hacemos, no por lo que decimos pensar o sentir. Nuestras obras de fe y amor hablan más efectivamente que las doctrinas que decimos profesar. En este contexto ético, el tema de la oración adquiere sentido.

En los primeros versículos de este capítulo, hay un principio importante para ti y para mí, expresado por el Maestro con punzante ironía: cuando los fariseos querían entregar algo a los pobres, lo anunciaban con trompetas. Aunque su propósito aparente era reunir a los necesitados, su intención más profunda era mostrar públicamente sus "buenas obras". Jesús dice que, por esa acción, ya tenían su recompensa. Y ¿cuál era? Una buena reputación entre los hombres. Sus obras de bien no tenían ninguna relación con Dios y con sus corazones. No eran un asunto privado entre ellos y Dios. Sus obras simplemente alimentaban su egoísmo.

Dar algo a otros es un tema entre tú y Dios; y en el mismo momento en que lo haces para hinchar tu yo no se te reconoce ningún mérito en los cielos. Aquí se nos dice que el acto ha de ser tan secreto que la persona, prácticamente, olvide lo que ha dado. De esta forma, muestra su justicia ante Dios y no ante los hombres, por lo que el Señor la recompensará en público.

Las mejores obras son las obras de amor anónimas. Libera su eco en la eternidad. ¡Bendita gracia divina, que nos inspira a orar y a obrar con fe y amor en favor de los demás! Muchos santos desconocidos serán públicamente reconocidos en el futuro tribunal de Cristo como personas que oraron e hicieron las obras de Dios.

Tu amor inspirará tu oración, y tu oración te inspirará a amar.

Oración: Señor, que mi oración sea mi obra; y mi obra de amor, una oración intercesora.