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Oración de un hijo - 2

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«Padre nuestro que estás en los cielos.». Mateo 6:9.

El Padre nuestro comienza con una aparente contradicción: el Padre, cercano y nuestro, está lejos, en los “cielos de los cielos” (Sal. 68:33). ¿Cómo se entiende esto?

Solo podemos entender la cercanía de Dios con respecto al hombre mediante la encarnación de Cristo, que significa la mutua presencia en él de lo divino y lo humano, la compenetración de lo eterno en la historia de la humanidad. Cristo es tu posibilidad real de aferrarte a la mano misericordiosa de Dios mediante la oración. El te abrió a una nueva forma de entender tu realidad.

El Padre nuestro, que no es una doctrina sino una oración sublime, expresa en forma práctica la correcta relación entre Dios y el hombre, el cielo y la Tierra, lo espiritual y lo ético.

¿Cómo se expresa esta relación en esta oración? Debes entender tu cristianismo como la prolongación del proceso de encarnación de Dios en la humanidad. Las tres primeras peticiones del Padrenuestro, que corresponden a la primera parte de la Ley de Dios, y las últimas cuatro peticiones, que corresponden a la segunda parte de la Ley, constituyen la misma y única oración que nos enseñó Jesús. Dios no se interesa solo en lo que es suyo: el nombre, el Reino, la voluntad divina; sino también por lo que es del hombre: el pan, el perdón, la tentación, el mal. Igualmente, el hombre no solo se apega a lo que le importa: el pan, el perdón, la tentación, el mal; sino que se abre primeramente a lo que es del Padre: la santificación de su nombre, la llegada de su Reino, la realización de su voluntad.

El Padre nuestro te dice que, más allá de la fatiga de tu vida, hay un Dios infinito a quien no lo tocan el tiempo, ni la enfermedad, ni la decrepitud ni la muerte. Es tu castillo fuerte y tu refugio en todo tiempo (Sal. 18:2). Es el que da sentido y dirección a tus pasos en este mundo (ver Sal. 32:8). Es el que te abre al prójimo, porque tu cristianismo es la prolongación del proceso de la encarnación de Jesús.

Cristo te da una nueva forma de entender tu realidad. Él es tu posibilidad real de aferrarte a la mano misericordiosa de Dios mediante la oración.

Oración: Gracias, Señor, porque desciendes de los cielos cada día en Jesús.