Regresar

Oración del pecador

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Mateo 6:12.

¿Guardas rencor en algún rincón de tu corazón? Según el Diccionario de la Real Academia Española, rencor significa "resentimiento arraigado y tenaz". El resentimiento "se define como el amargo y enraizado recuerdo de una injuria particular, de la cual desea uno satisfacerse". El rencor es un recuerdo envenenado. Proviene del latín, rancor, queja, querella, demanda, que deriva de la raíz latina, rancidus. El término rencoroso tiene la misma raíz de dos palabras muy significativas: rancio y rengo. Esta etimología describe dos características distintivas del resentimiento: la condición de algo viejo que se ha descompuesto, que está "en mal estado", rancio; y el estancamiento o inmovilidad que impide que el resentido avance, rengo.

La cuestión más importante es: ¿Cómo sanar de este poderoso veneno del alma? La respuesta es una palabra liberadora que va en dirección contraria a la esclavitud del rencor: el perdón. El perdón ennoblece a la víctima, aunque puede dejar inalterable al perdonado. El perdón nos libera interiormente del reproche, de los deseos de venganza, y así nos sana. El perdón ilumina el lado oscuro del corazón y nos libera de las ataduras dolorosas del pasado. Puede o no conducimos a la reconciliación con el otro, pero finalmente siempre habrá reconciliación con nosotros mismos.

Las emociones no se derogan por decreto. Las cicatrices quedan; pero las heridas dejan de sangrar y se curan con el perdón. El perdón es fundamentalmente una acción de la voluntad, pero la voluntad debe ser iluminada y fortalecida.

¿De dónde sacar fuerzas para perdonar? Necesitamos la ayuda de Dios para producir el milagro de ablandar el corazón endurecido por el rencor y alcanzar la sensación dichosa de la liberación. Cuando recibimos el perdón de Dios a nuestras vilezas, aprendemos más fácilmente a perdonar a los demás (ver Efe. 4:32).

Dios es amor. Su perdón está a tu disposición cada día de tu vida. Cuando lo recibes de Dios, lo concedes al prójimo. Si tienes hoy una carga que no puedes llevar, si hay en tu corazón un rencor que te seca, dile a Dios: "Suéltanos nuestras deudas, como también nosotros soltamos a nuestros deudores" (Mat. 6:12, JBS). ¡Suelta tu pasado!

¡Bendito Espíritu perdonador que conviertes el rencor en comprensión y esperanza!

Oración: Gracias, Señor, por el don del perdón.