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Oración en momentos peligrosos

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Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Mateo 8:25.

¿Te sofoca a menudo la ansiedad? Esta es una de las escenas más humanas que nos ofrece Mateo. El Señor descansaba sobre un mar furioso, cuyas olas sacudían y amenazaban la embarcación. Luego de largas jornadas de predicación y milagros de sanidad, estaba agotado. Pero no solo dormía porque estaba cansado, dormía porque descansaba en su Padre.

Cuando arreció la tormenta, los discípulos se pusieron muy nerviosos: "Y lo despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!" Jesús los amonestó por su falta de fe, reprendió a los vientos y al mar, y calmó la tempestad (vers. 25,26).

¿Pensamos que los discípulos tenían poca fe? Nosotros temblamos por mucho menos que eso. La verdad es que todavía el poder de la fe no había leudado en los corazones de los discípulos, aunque habían escuchado a Jesús y habían sido testigos de sus milagros. Pero estos mismos hombres, cuando finalmente recibieron el poder del Espíritu Santo, no le tuvieron miedo a nada. La siguiente oración de ellos que registra la Biblia en circunstancias de peligro dice así: "Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra" (Hech. 4:29).

¡Cuántas veces nos cubren "las olas de la vida", y batallamos solos, como los discípulos, para acordarnos de Dios al borde del abismo! ¡Nunca es tarde para ir a Dios! ¡Jamás clamaremos en vano!

Puede que tu pecado haya destruido tu paz (ver Isa. 57:20-21); tus pasiones pueden dominar tu pensamiento; puedes sentirte tan impotente como los discípulos para calmar tu rugiente tempestad interior. Pero, el que calmó las olas del mar de Galilea puede calmar tu corazón. Su gracia, que reconcilia tu alma con Dios en toda circunstancia, calma las contiendas de tus pasiones humanas; y en su amor tu corazón descansa (verDTG 303).

"Te tambaleabas como borracho; ¡de nada te servía tu pericia! Pero en tu angustia clamaste al Señor, y te sacó de la aflicción; convirtió en brisa la tempestad, y las olas se calmaron. Al ver tranquilas las olas, te alegraste, y Dios te llevó hasta el puerto deseado" (ver Sal. 107:27-30, DHH).

Cuando creas que nadie te puede ayudar, ¡Jesús puede! Cuando tambalees y te caigas, ¡Jesús te puede ayudar a llevar tu cruz!

Oración: Señor, eres mi Salvador.