Regresar

Oración por visión

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.» Apocalipsis 2: 9

¿Miras Pero no ves? Nada es más terrible que tener vista y no visión. Jesús y sus discípulos estaban yendo de Jericó a Jerusalén, que era la dirección opuesta a la seguida por aquel hombre de la parábola del buen samaritano, que mientras descendía de Jerusalén a Jericó fue atacado por ladrones (ver Luc. 10:30). En nuestro relato, el Señor avanzaba en dirección opuesta, para morir entre ladrones; en el otro extremo de aquel camino, adonde tú y yo no quisiéramos ir. Jesús fue a ese lugar para que nosotros no fuéramos.

“Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!” (Mat. 20:30). Nadie fue capaz de acallar aquellas voces. Entonces Jesús les preguntó qué querían que hiciera. La respuesta no se hizo esperar: “Que sean abiertos nuestros ojos” (vers. 33).

Aunque era evidente que aquellos hombres eran ciegos, Jesús les preguntó qué podía hacer por ellos. Al paralítico de Betesda le preguntó si quería ser sano (Juan 5:6). Cuando ores, dile a Jesús qué necesitas. El lo sabe, pero quiere que tú lo sepas. Cuanto más oras, más percibes tu necesidad; cuanto más percibes tu necesidad, más percibes tu necesidad de Cristo.

Este es el carácter ofensivo de la Cruz. A todos les agradaría ir a la Cruz si pudieran llevar consigo el perfume de su propia justicia, su rectitud y sus buenas obras. Pero nada puede habilitarnos para estar ante la presencia de Dios, sino solo el incienso de los méritos del Señor. No es posible darle vida a nuestro corazón y endulzar nuestro carácter con educación ni con esfuerzo, así como no es posible que una semilla tenga vida, germine y dé frutos por el solo hecho de ponerle fertilizante.

“La oración es una necesidad porque es la vida del alma” (LO 18).

La oración diaria, sincera, secreta y profunda abre nuestros ojos para que veamos nuestras verdaderas necesidades, para que experimentemos el poder salvador de Jesús.

Los ciegos se sabían ciegos, y eran menos ciegos que los que decían que veían, pero no veían (ver Juan 9:41).

¿Sientes que no ves? ¡Este es un muy buen síntoma! ¡El Señor te está dando visión!

Oración: Señor, dame visión.