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Oración de fe

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Si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Mateo 21:21, 22.

¿Quiere Dios que vivas maldiciendo higueras? La higuera de nuestro texto es un símbolo de Israel (ver Mat. 24:32,33). Cuando Jesús vino al mundo, no había fruto evidente en la nación judía. Esa "higuera" estaba muerta; solo tenía las ramas y las hojas secas de una religión ritualista y sin vida. Carecía de energía espiritual. Aquel pueblo ya no cumplía el propósito del llamamiento divino. La "maldición de la higuera" por parte de Jesús fue un anuncio profético: Israel sufriría un juicio devastador en el año 70 de nuestra era. Jerusalén sería invadida por los romanos y su Templo sería destruido (ver Mar. 13:1,2).

El significado de aquella escena y el diálogo con los discípulos tuvo un solo propósito en la mente de Jesús: despertar la conciencia de ellos a la importancia de la oración de fe.

Por supuesto que Dios no espera que andes por ahí maldiciendo higueras e intentando mover montañas. El poder de la fe no está en los milagros. La verdadera religión no tiene que ver con milagros. La fe no se alimenta de milagros. La fe se alimenta en la oración, que es el oxígeno del alma, y se nutre de la Palabra (ver Rom. 10:17).

El salmista mira la naturaleza y dice: "Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?" E inmediatamente responde: "Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra" (Sal. 121:1, 2). El poder no está en la naturaleza ni en las cosas que podamos hacer con ella. El poder está en el Creador.

El verdadero milagro es una vida transformada por el poder del Espíritu Santo gracias a la oración de fe. ¡Tú produces milagros cuando proclamas el evangelio y "desatas" a las almas del poder del diablo! Cuando tus labios de barro expresan en testimonio algo que el Espíritu de Dios puede usar para transformar una vida, ¡se despliega toda tu fe! ¡Las oraciones de fe restaurarán nuestras vidas quebrantadas por el pecado!

Oración: Señor, gracias, porque todo lo que pido porfe ya lo recibí.