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Oración por amparo divino

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Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Mateo 27:46.

Aun los tontos y los mentirosos pueden decir grandes verdades. Cuando Jesús pendía de la cruz, la multitud se burlaba diciendo: "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar" (Mat. 27:42). Sí, Jesús no podía salvarse a sí mismo si quería salvar a la humanidad. Pagó el precio de la muerte, y convirtió su muerte en vida para ti. Él se sintió abandonado por Dios, para que tú jamás te sientas abandonado.

El abandono de un padre destruye a una familia. El abandono de Dios destruye a la humanidad. Nada hay más horrible que sentirse abandonado por Dios. Eso es la soledad. Pero, en el Calvario, "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2 Cor. 5:19). Jesús pago el precio del abandono para que jamás nos sintamos solos. Gracias a la Cruz, la humanidad no está abandonada a su propia suerte.

Aunque Jesús se sintió abandonado, no se abandonó a sí mismo. La mayor tentación de la que dependió su vida, y la vida de todos los salvados, fue abandonarse a la idea de que Dios ya no estaba con él: "Ahora el tentador había acudido a la última y terrible lucha, para la cual se había estado preparando durante los tres años del ministerio de Cristo. Para él, todo estaba en juego. Si fracasaba aquí, perdía su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegarían a ser finalmente de Cristo. [...] Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separado de Dios. Satanás le decía que, si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación sería eterna" (DTG 638). ¡Pero Cristo venció! ¡No te abandones a ti mismo, porque Dios jamás te abandona! No importa lo que hayas hecho, Dios está siempre a tu lado. No importa cómo te sientas, Dios te ama. Graba cada día con letras de fuego en tu corazón esta convicción profunda: Sé que Jesús me ama antes de que yo lo ame. Sé que me busca antes de que yo lo busque. El siempre está a mi lado. ¡Gracias, Jesús, porque no nos dejas solos!

Oración: Señor, dame fuerzas para no abandonarme.