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Oración por nuevos oídos y nueva lengua

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Le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Marcos 7:32.

¿Le pides a Dios que destape tus oídos y desate tu lengua?

Marcos 7:31 al 37 describe uno de los tantos milagros que Jesús hizo en Decápolis, un grupo de diez ciudades en la frontera sudeste del Imperio Romano. Era una región de gentiles y judíos, ubicada al este del Jordán, cerca del Mar de Galilea, donde Jesús realizó grandes milagros, y multitudes lo seguían. Esos hechos portentosos que maravillaban a la gente (vers. 37) eran una señal de su poder creador, y guardaban una lección espiritual para las generaciones venideras.

Seguramente eran amigos o familiares del sordomudo quienes lo llevaron ante Jesús: personas que intercedieron ante el Señor por su ser amado. ¡Bendita oración intercesora por quienes sufren!

"Hay a vuestro alrededor aquellos que sufren desgracias, que necesitan palabras de simpatía, amor y ternura, y nuestras oraciones humildes y compasivas [...]. Al llamar a Dios nuestro Padre, reconocemos a todos sus hijos como nuestros hermanos. Todos formamos parte del gran tejido de la humanidad; todos somos miembros de una sola familia. En nuestras peticiones hemos de incluir a nuestros prójimos tanto como a nosotros mismos. Nadie ora como es debido si solamente pide bendiciones para sí mismo" (LO 246).

Jesús no sanó a ese hombre, como era su costumbre, por una sola palabra, sino que "tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien" (vers. 33-35).

"Mirando al cielo, [Jesús] suspiró al pensar en los oídos que no querían abrirse a la verdad, en las lenguas que se negaban a reconocer al Redentor (DTG371).

"Por fe andamos, no por vista" (2 Cor. 5:7), y "la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Rom. 10:17). La oración riega la planta de la fe, cuya semilla plantó la Palabra de Dios en nuestro corazón.

Tu oración abrirá los oídos de tu entendimiento, y tu lengua testificará del poder del Redentor.

Oración: Señor, abre mis oídos y desata mi lengua para testificar de tu poder.