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Tres veces tres

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“Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente” (Mateo 26:75).

El trabajo persistente de Jesús para transformar el carácter de    Pedro es presentado en la Biblia en tres secuencias de tres, que    fueron marcando la vida del apóstol.

En el texto de hoy vamos a destacar la primera secuencia, que ocurrió en el momento de su negación (Mat. 26:69-75). Jesús intentó pre- parar a Pedro, pero él prefirió confiar en sus propias fuerzas. El resultado, tú ya lo conoces: negó tres veces su identidad. Cuando alguien anda con Jesús, su impresión habla más que su expresión. Fue un momento tan dramático que al final salió, y “pensando en esto, lloraba” (Mar. 14:72). Esta historia tuvo su punto de giro. En Lucas 22:60 a162 encontramos el momento en que la mirada desesperada de Pedro se cruzó con la mirada perdonadora de Jesús. Aquel esperaba censura y condenación, pero encontró perdón y restauración.

Antes de la caída, Pedro “era siempre exagerado y dictatorial, y hablaba en forma imprudente e impulsiva. Estaba siempre listo para corregir a los demás y expresar su parecer, antes de comprenderse bien a sí mismo o lo que tenía que decir. Pero Pedro se convirtió, y el Pedro convertido era muy diferente del Pedro irreflexivo e impetuoso. Aunque mantuvo su antiguo fervor, la gracia de Cristo templaba su celo. En lugar de ser impetuoso, lleno de confianza y exaltación propia, era calmado, sereno y dócil” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 313).

El interés de Jesús por Pedro no cesó en ese momento. Después de su resurrección, por medio de ángeles, Jesús le envió un recado nominal a Pedro (Mar. 16:7). El discípulo fue recordado por su nombre, porque es así como Dios trata a los hijos que caen y se apartan. Él sabe tu nombre, y lo pronuncia para buscarte y salvarte.

La parte final de la historia fue aún más emocionante. Condenado a muerte, “el apóstol recordó su gravísimo pecado de negar a Jesús en la hora de su prueba. Aunque una vez se había mostrado tan poco dispuesto a reconocer la cruz, tenía ahora por gozo dar su vida por el evangelio [ ... ]. Como último favor, suplicó a sus verdugos que lo crucificaran cabeza abajo. La súplica fue otorgada, y de esa manera murió el gran apóstol Pedro” (Los hechos de los apóstoles, p. 444). Mira a Jesús hoy, y lo verás mirándote con amor y compasión.