Regresar

Más tres veces tres

Matutina para Android

Play/Pause Stop
“Esto se hizo tres veces: y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo” (Hechos 10:16).

La tercera secuencia de tres en la vida de Pedro se dio en el contexto de su envío a la misión (Hech. 10:9-22). En la primera, durante la    negación, él escondió su amor por Jesús. En la segunda, escuchó    tres veces la misma pregunta y fue desafiado a probar su amor por Jesús. En la tercera, fue llamado a mostrar su amor por los hijos de Dios.

Todo sucedió mientras él oraba, al mediodía. Era el momento en que tenía hambre, y vino exactamente una visión con comida. El problema fue que dentro de la sábana había animales puros e impuros. La orden que recibió fue que tomara todo, pero su rechazo fue inmediato. Recién después de tres insistencias el apóstol aceptó no tratar como impuros a los extranjeros, a quienes Dios ya les había tocado el corazón.

Algunos intentan sacar esta visión del contexto, para abolir la sepa- ración entre animales limpios e inmundos (vers. u). Queda claro, sin embargo, que no hubo un cambio en la alimentación de Pedro, sino en su visión, su actitud, con relación a las personas a quienes debía predicar el evangelio. Por eso mismo, se lo cuestionó después no por lo que había comido, sino por con quiénes había compartido esa comida (Hech. 1l:3).

Pedro ya había escuchado al propio Maestro decir “Id” (Mar. 16:15), pero su comprensión todavía era limitada. La visión de la sábana “reprendía a Pedro, a la vez que lo instruía” (Los hechos de los apóstoles, p. m). Dios es especialista en tratar con las dos puntas de la línea al mismo tiempo. Mientras trabajaba con Pedro de un lado, también tocaba el corazón de Camelia del otro. La única diferencia es que el Señor necesitó insistir con Pedro tres veces, mientras que con Camelia necesitó solamente una vez (Hech. 10:3-8).

De acuerdo con Elena de White, “Camelia era un centurión romano, hombre rico y de noble linaje, y ocupaba una posición de responsabilidad y honor. Aunque pagano de nacimiento y educación, por su contacto con los judíos había adquirido cierto conocimiento de Dios, y lo adoraba con corazón veraz” (Los hechos de los apóstoles, p. 109). El centurión romano atendió el llamado con prontitud. El gran apóstol Pedro necesitó que el Espíritu Santo insistiera tres veces con él.

Dios fue persistente con Pedro para que predicara el evangelio a Cornelio. De la misma manera, insiste con nosotros hoy para que, llenos de amor por la verdad y por las personas, salgamos para compartir su mensaje de salvación.