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Milagro en la prisión

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“Sí que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Participando del proyecto Misión Caleb, los jóvenes desarrollaron su vocación misionera y sirvieron a la comunidad, establecieron nuevas iglesias, dieron estudios bíblicos y llevaron personas al bautismo. Cada año, los milagros y las historias emocionantes se repiten. Los participantes dejan su marca, pero también son transforma- dos en ese gran movimiento misionero.

El desafío de cada “Caleb”, como se los llama, es usar su pasión y su creatividad, típicas de los jóvenes, para quebrar barreras y llevar el mensaje a lugares desafiantes. Y nunca decepcionan.

 

En Luzilandia, una ciudad en el Estado brasileño de Piauí, un grupo de jóvenes de Misión Caleb aceptó el desafío de llevar esperanza a la pequeña ciudad de Matías Olimpio, de poco más de diez mil habitantes.

Ellos no tenían ni idea de los milagros que Dios estaba preparando.

 

El auditorio alquilado para la campaña de evangelismo quedaba en los fondos de la comisaría. Sin que ellos lo supieran, todas las noches, aproximadamente veinte presos acompañaban el mensaje desde adentro de las celdas; hasta que uno de los misioneros decidió visitar la comisaría y descubrió lo que estaba sucediendo. Los presos no solamente escuchaban el mensaje, sino también atendían a los llamamientos desde donde estaban.

 

El equipo de jóvenes comenzó a visitar todos los días la cárcel. y a prestar apoyo personal a los detenidos. Durante la predicación de la noche, mencionaban los nombres de los encarcelados, quienes del otro lado del muro respondían “Amén”. Como resultado, tres detenidos fueron bautizados.

En el momento del bautismo, el pastor Marcos Elías, quien dirigía la ceremonia, advirtió que uno de los policías se emocionaba con cada palabra que escuchaba. Después de la reunión, el pastor buscó más información, y descubrió que era el comisario Sampaio, jefe de la policía de la ciudad.

 

Sampaio también escuchó los mensajes evangelizadores desde su oficina. Una de las noches pasó por delante del auditorio, observó lo que estaba ocurriendo, pero no entró. Al día siguiente, fue tocado por la predicación y comenzó a participar de las reuniones. Cada noche, emocionado, atendía al llamado, y al terminar el programa fue bautizado.

Además de él. 43 personas más fueron bautizadas. Dios continúa sorprendiendo todavía hoy. Para toda osadía misionera, Dios concederá milagros más sorprendentes. Experimenta eso en tu vida.