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Acciones e intenciones

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“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” Salmo 1:1, 2.

El libro de los Salmos tiene una gran riqueza histórica y teológica, pero también muestra la importancia de la alabanza en el contexto de la adoración. Era el antiguo himnario de Israel. Sus 150 salmos están divididos en cinco libros que, según la tradición judía, están directamente relacionados con el Pentateuco. Sus composiciones alcanzan un período de aproximadamente novecientos años, desde el tiempo de Moisés hasta el comienzo del siglo V antes de Cristo.

El Salmo 1 es una introducción general del libro. Separa a los justos de los impíos, destacando a los fieles hijos de Dios. El fiel es “bienaventurado”, que “no anda”, “no se detiene” “ni se sienta”, y vence la atracción y la decadencia causadas por el pecado. Sus acciones son correctas, representan la voluntad del Señor y dan buen testimonio.

Como enseña el salmo, el cristiano debe tener compromiso con las acciones correctas, pero deberá ir más allá y ser movido por intenciones puras. Las acciones son importantes para testificar delante de los hombres, pero las intenciones son fundamentales para ser evaluado por Dios. Ambas necesitan estar en equilibrio. Si no es así. vamos a repetir la historia de los fariseos, que eran “perfectos” por fuera y estaban corrompidos por dentro. Si las intenciones no son saludables, las acciones serán equivocadas. Haremos lo que es correcto meramente para impresionar, para recibir aplauso, aprobación, promoción, o hasta incluso para intentar garantizar nuestra salvación.

Por eso, el salmista destaca que el placer del cristiano “está en la ley del Señor” (Sal.nz). Antes del hacer viene el ser. Antes de aparecer delante de los hombres, es necesario buscar la presencia de Dios, y poner las acciones y las intenciones en el orden correcto.

Cuando buscas a Dios antes que, a cualquier otra cosa, tienes placer en estos momentos y haces de ellos un hábito que se repite “día y noche”. Tu vida se transforma en un “árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (vers.5).

Para que esto se transforme en una realidad en tu transitar hacia el cielo, permite que Dios moldee tus intenciones, dirija tus acciones y ben- diga las consecuencias de tus elecciones. Solamente así serás realmente bienaventurado.