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¿Cómo te relacionas con el dinero?

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“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13).

Tratar sobre cuestiones financieras en el ambiente espiritual es, siempre un desafío. Pero Jesús no tuvo dificultades con esto.  Habló mucho respecto del dinero. Observa que 16 de sus 38 parábolas hablan sobre cómo tratar con el dinero y las propiedades. En los evangelios, uno de cada 10 versículos (288 en total) trata directamente del tema del dinero. Y más, la Biblia presenta 500 versículos sobre la oración, menos de 500 respecto de la fe, y más de 2 mil sobre el dinero y las propiedades. Todo este énfasis no se da porque el Señor necesite de nuestros recursos, sino porque conoce la bendición y la maldición que están involucradas en las finanzas.

En Lucas 18 y 19 encontramos el contraste entre la manera en que dos hombres se relacionaban con el dinero. En el capítulo 18 vemos al joven rico; en el 19, a Zaqueo. El primero buscó a Jesús creyendo que lo tenía todo, y acabó con nada. El publicano buscó a Cristo creyendo que no era nada, y terminó recibiendo todo. Lo que el joven rico no hizo frente al pedido de Cristo, entregar sus bienes a los necesitados, Zaqueo lo hizo sin que Jesús se lo pidiera. El joven rico prefirió quedarse sin Jesús, pero con su dinero y sus bienes; Zaqueo prefirió quedarse con Jesús, y entregar su dinero y sus bienes. Nadie conoce el nombre del joven rico, pero el de Zaqueo entró en la historia. La manera en que tratas con tu dinero marca toda la diferencia.

Para el teólogo escocés John Caird, “lo que impide que el hombre entre en el Reino de los cielos no es el hecho de poseer riquezas, sino el hecho de que las riquezas lo posean a él”.

 El problema no está en el dinero en sí. sino en la posición que ocupa en nuestra vida. La cuestión no es el bolsillo, sino el corazón. “El dinero no es necesariamente una maldición; es algo de alto valor, porque si se emplea correctamente puede hacer bien en la salvación de las almas y en beneficio de quienes son más pobres que nosotros. Por un uso pródigo o imprudente [ ... ] el dinero llegará a ser un lazo para quien lo gaste. El que emplea el dinero para satisfacer su orgullo y su ambición hace de él una maldición más bien que una bendición” (El hogar cristiano, p. 321). No permitas que el dinero te aparte de Jesús, sino que esté siempre al servicio del Señor.

Tratar sobre cuestiones financieras en el ambiente espiritual es, siempre un desafío. Pero Jesús no tuvo dificultades con esto.  Habló mucho respecto del dinero. Observa que 16 de sus 38 parábolas hablan sobre cómo tratar con el dinero y las propiedades. En los evangelios, uno de cada 10 versículos (288 en total) trata directamente del tema del dinero. Y más, la Biblia presenta 500 versículos sobre la oración, menos de 500 respecto de la fe, y más de 2 mil sobre el dinero y las propiedades. Todo este énfasis no se da porque el Señor necesite de nuestros recursos, sino porque conoce la bendición y la maldición que están involucradas en las finanzas.

En Lucas 18 y 19 encontramos el contraste entre la manera en que dos hombres se relacionaban con el dinero. En el capítulo 18 vemos al joven rico; en el 19, a Zaqueo. El primero buscó a Jesús creyendo que lo tenía todo, y acabó con nada. El publicano buscó a Cristo creyendo que no era nada, y terminó recibiendo todo. Lo que el joven rico no hizo frente al pedido de Cristo, entregar sus bienes a los necesitados, Zaqueo lo hizo sin que Jesús se lo pidiera. El joven rico prefirió quedarse sin Jesús, pero con su dinero y sus bienes; Zaqueo prefirió quedarse con Jesús, y entregar su dinero y sus bienes. Nadie conoce el nombre del joven rico, pero el de Zaqueo entró en la historia. La manera en que tratas con tu dinero marca toda la diferencia.

Para el teólogo escocés John Caird, “lo que impide que el hombre entre en el Reino de los cielos no es el hecho de poseer riquezas, sino el hecho de que las riquezas lo posean a él”.

 El problema no está en el dinero en sí. sino en la posición que ocupa en nuestra vida. La cuestión no es el bolsillo, sino el corazón. “El dinero no es necesariamente una maldición; es algo de alto valor, porque si se emplea correctamente puede hacer bien en la salvación de las almas y en beneficio de quienes son más pobres que nosotros. Por un uso pródigo o imprudente [ ... ] el dinero llegará a ser un lazo para quien lo gaste. El que emplea el dinero para satisfacer su orgullo y su ambición hace de él una maldición más bien que una bendición” (El hogar cristiano, p. 321). No permitas que el dinero te aparte de Jesús, sino que esté siempre al servicio del Señor.