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Ricos de esperanza

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“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).

La primera iglesia adventista de Bolivia se estableció en la pequeña ciudad de Rosario. Hacia allá me dirigí con otros líderes de la    iglesia, para celebrar el centenario del adventismo en aquel país en 2007. Salimos de La Paz un sábado. Eran las 4:15 de la mañana y viajamos en cinco camionetas todoterreno, para llegar hasta el lugar. Durante más de cuatro horas, atravesamos el altiplano boliviano a una altitud de 4.200 metros por sobre el nivel del mar, en caminos de tierra y atravesando pequeños ríos. Hasta que llegamos a la ciudad.

Actualmente, en la pequeña ciudad de Rosario casi todos los habitantes son adventistas. El único templo de otra confesión que existe está abandonado y destruido. Los hermanos todavía conservan el espíritu de los pioneros. Algunos llegan a caminar cuatro horas para concurrir al culto cada sábado.

En aquel momento de nuestra visita, el pastor local cuidaba 72 congregaciones y vivía en 4 casas diferentes. El perímetro de su distrito pastoral era aproximadamente de 800 kilómetros. El matrimonio tenía solo una hijita, de 2 años. Vivían un mes en cada casa, atendiendo a las iglesias que les quedaba más cerca.

Después de la visita, me quedé pensando en la realidad de aquellos hermanos y en la de su pastor. Viven en una región financieramente carente y tienen muchos desafíos; pero, en su simplicidad, son “ricos en esperanza”. Su vida está comprometida con las cosas de Dios, y eso es lo que tiene más valor. También analicé la calidad de mi comportamiento, en condiciones mucho más fáciles y favorables.

¿Y tú? ¿Has evaluado el grado de tu compromiso? Tu preparación personal ¿no está siendo usada meramente para el crecimiento profesional? Hay gente con “hambre” de la Palabra que vive cerca de ti, que está esperando tu mano extendida para compartir esperanza. Tu entrega ¿puede ser mayor de lo que ha sido? Elena de White asegura: “La tarea a la cual se nos llama no requiere riquezas, posición social ni gran capacidad. Lo que sí requiere es un espíritu bondadoso y abnegado, y firmeza de propósito. Una luz, por pequeña que sea, si arde siempre, puede servir para encender otras muchas” (El ministerio de curación, p. 274). Comprométete con la obra de Dios, y enriquece tu vida con fe y esperanza.