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Toda la familia en la misión

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“Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Poco tiempo después de llegar al puerto de Diamante, en la Argentina, en 1890, Jorge Riffel y su familia se instalaron en una hacienda. Muchas familias de la región querían conocer más de la Biblia, y los Riffel iban a cada casa para dar estudios bíblicos y realizar reuniones.

La casa de la familia Weiss era la preferida de David. Estaban muy interesados y algunos ya querían ser bautizados; pero no había ningún pastor ordenado en la región. “¿Tú crees que un misionero vendrá hasta aquí?”, preguntó Julia Weiss a su amigo David. “Estoy seguro de que alguien vendrá”, le respondió. “Mi padre ya escribió a la sede de la iglesia en Battle Creek y pidió que enviaran a un misionero ordenado”. Las oraciones fueron atendidas, y el pastor Francisco H. Westphal llegó al día siguiente.

En la primera reunión, después de que el pastor predicara durante una hora y terminara el programa con un himno y una oración, las personas no se fueron. Se sentaron otra vez y miraron al predicador esperando más. Después de que terminara el segundo estudio, otra vez el pastor anunció el himno final e hizo una oración. Nuevamente las personas no se movieron de sus sitios y pidieron más. Terminaron la reunión después de la medianoche.

En tres semanas, varias personas fueron bautizadas y, en septiembre de 1894, con 36 personas, fue formada la primera iglesia adventista en el territorio de la División Sudamericana, en la región de Crespo, República Argentina, donde vivían Reinaldo Hetze y Jorge Riffel.

La familia Weiss fue bautizada. Algún tiempo después, Julia y David Riffel se casaron. Cuando nació el primer hijo de ellos, el abuelo Riffel decidió que era necesario fundar una escuela adventista. Él, David y otros adventistas trabajaron mucho para construir lo que hoyes la Universidad Adventista del Plata.

David y Julia tenían que viajar una distancia de aproximadamente 25 kilómetros en carro para llegar a la escuela, pero cada uno de los 14 hijos del matrimonio concluyó la enseñanza primaria, la secundaria y la facultad; seis de ellos llegaron a ser misioneros.

Como fue con los pioneros, nuestras familias pueden hacer una gran obra, ayudando en la iglesia local, evangelizando a la comunidad o, incluso, dedicando a los hijos integralmente a la obra del Señor.