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Bendiciones en el sufrimiento

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“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

Los momentos de crisis acostumbran despertar muchas preguntas y ofrecer pocas respuestas, pues la realidad del sufrimiento está muy por encima de nuestra comprensión. Pero Dios ofrece la certeza de que estamos en sus manos, por más difícil que sea entenderlo o aceptarlo.

Podemos descansar en la promesa de que “Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían, si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del designio que cumplen como colaboradores con Dios” (El ministerio de curación, p. 380).

La visión del apóstol Pablo era aún más amplia. Hablando de la espina en la carne, que tanto lo molestaba, él concluye: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:10). Sí, las debilidades renuevan las fuerzas. Ellas nos hacen más abiertos, accesibles y dependientes, y hay por lo menos tres razones para esto:

1. Promueven la revaluación de la vida personal. En función de la vida apresurada, muchas veces dejamos que lo principal se transforme en secundario y que lo secundario ocupe el lugar principal... hasta que surge una enfermedad grave, la pérdida de un empleo o una crisis familiar; en esos momentos, los verdaderos valores personales tienden a resurgir.

2. Fortalecen las relaciones. El sufrimiento une a las personas y hace que las dificultades de las relaciones se hagan pequeñas. Vi eso bien cerca al visitar a una persona gravemente enferma. Por estar internada en un área de cuidados intensivos, necesité esperar que sus dos hijas adultas salieran para poder ingresar. Terminé descubriendo que ellas eran enemigas, pero el amor que compartían por la madre disminuyó las diferencias.

3. Estimulan el encuentro con Dios. El dolor y el sufrimiento pueden restaurar el camino de regreso a Dios. Cuando los desafíos son mayores que tu capacidad de enfrentarlos, la única alternativa es pedirle socorro al Cielo. ¿Cuántas personas tuvieron su verdadero encuentro con Dios en un momento de dolor?

No te desanimes en la crisis. Recuerda que “los tiempos malos para vivir son buenos para aprender”, porque nuestros grandes desafíos preceden a nuestros mayores milagros.