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Regalo de Dios

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“Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios” (Salmo 22:10).

Desde el tiempo de nuestro noviazgo, mi esposa, Adriene, y yo conversábamos sobre hijos. Nuestro plan era esperar algunos años después de casarnos para tener a nuestros niños. El tiempo pasó, la hora llegó, pero descubrimos que ella no podía quedar embarazada.

Para intentar realizar ese sueño, comenzamos una rutina de exámenes y tratamientos. Fue un tiempo de mucho dolor y sufrimiento, especialmente para ella. Sin embargo, después de siete años de casados y sin éxito en los tratamientos, decidimos dejar a un lado el sueño. Imaginábamos que Dios tenía otros planes, y que nuestra parte sería entenderlos y aceptarlos.

Sin embargo, cuando realicé una semana de oración en una institución adventista de enseñanza superior, les sugerí a los alumnos que eligieran un pedido especial y oraran por él durante toda la semana. Los estimulé para que fuese una oración inoportuna en búsqueda de una respuesta directa de Dios. Mi esposa estaba conmigo, y el sueño renació en nuestro corazón. ¿Por qué no colocar la situación delante de Dios y pedirle un milagro? Oramos intensamente durante toda la semana por este motivo.

Poco tiempo después, llegó la noticia de que ella estaba embarazada. No era la primera vez que esto sucedía, ella siempre perdía al bebé en el inicio de la gestación. Rápidamente buscamos acompañamiento médico, y el diagnóstico fue de un embarazo de alto riesgo, con reposo intenso durante los primeros meses, lo que podía extenderse por todo el embarazo. Dios hizo el milagro; no hubo problemas en el embarazo y ella tuvo que hacer reposo solamente los primeros días. Como resultado, el 11 de febrero de 2000, en Recife (Rep. del Brasil), nació Matheus, nuestro primer hijo.

Elegimos ese nombre por el significado: “regalo de Dios”. Él se transformó en un recuerdo de que no solo tuvimos un hijo, sino que recibimos un milagro. El texto bíblico de hoyes el preferido de nuestro hijo, pues le recuerda que, desde el nacimiento, él fue entregado a Dios.

Seis años después, nuestra familia recibió otro milagro: el nacimiento de nuestra hija Mariana. Elegimos su nombre también por el significado: la unión de los nombres María y Ana, dos mujeres que también tuvieron hijos por intervención divina.

Nuestro Dios sigue siendo el mismo. ¿Qué bendición estás necesitando hoy? Experimenta entregar y confiar tu vida al Señor. Él siempre hizo los milagros correctos en la hora correcta.