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Las cinco fases del amor

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“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Corintios 13:8).

¿Por qué algunas relaciones duran y son felices mientras que otras sufren por los problemas y algunas terminan? La respuesta está en el amor: el cemento que une vidas y relaciones. Sin respeto, el amor se pierde; sin cuidado, se desgasta; sin honestidad, se entristece; sin confianza, acaba.

Cultivar el amor no es una tarea simple ni sucede de manera automática. Según el psicólogo Jed Diamond, el amor se consolida cuando logra superar cinco fases de la vida de a dos.

1ª fase: La pasión. Es la fase más cautivadora de la relación. Las “hormonas del amor” –la dopamina, la oxitocina, la serotonina, la testosterona y el estrógeno– actúan intensamente. En ese período, cada uno cree que el otro es su compañero ideal.

2ª fase: El compromiso. En esta fase, el amor se profundiza y las parejas comienzan a construir la vida juntos. Es un tiempo de unión y de alegría, cuando cada uno conoce lo que al otro le gusta; la vida de a dos gana profundidad.

3ª fase: La desilusión. En esta fase, muchas relaciones terminan, porque parece que aquel sentimiento bonito de amor y alegría comienza a desaparecer. Pequeños problemas se van transformando en grandes irritaciones. Por otro lado, muchas parejas aprovechan ese momento para aprender a apreciar aún más al cónyuge. Es el momento ideal para entender que el amor existe “cuando tú tienes todos los motivos para desistir de alguien y no desistes”.

4ª  fase: El amor verdadero. En este punto, la pareja comienza a ayudarse mutuamente a curar las heridas. El amor que ellos pensaban que había desaparecido reaparece. Esta vez, con madurez y comprensión profunda uno del otro. Cuando una pareja finalmente consigue pasar la fase de la desilusión, comienza a ver al cónyuge como realmente es.

5ª fase: La transformación. Es el momento en el que el matrimonio ya es capaz de pensar como uno solo, buscando y batallando por un propósito en común.

Fortalece tus relaciones, recordando que el éxito “no es encontrar a la persona correcta, sino ser la persona correcta en el poder de la Persona perfecta (Dios)” (John Piper).