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La gracia de Dios

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“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6).

¿Sabes explicar lo que realmente significa la gracia? ¿Has experimentado este regalo? Ella ¿influye en la manera en que enfrentas el cristianismo, los amigos, la familia, la iglesia, y tu estilo de vida?

Imagina la siguiente situación. Un trabajador soñaba con tener un auto nuevo. Compró un modelo simple y barato, con una larga financiación. Pagaba las cuotas con sacrificio. Un día, al regresar a su casa, descubrió que su auto había sido robado. Quedó desconsolado, pues no tenía seguro y apenas había pagado tres cuotas de las sesenta que había pactado con el banco. Para empeorar la situación, dos meses más tarde fue despedido de su trabajo.

Parecía imposible controlar la situación. Los días fueron pasando, y el dinero de la indemnización también se fue acabando. A partir de ese momento, las cuentas comenzaron a acumularse. Por correo llegaron los primeros cobros. La tarjeta de crédito fue suspendida y las deudas se hicieron impagables.

La casa donde vivía con la familia era financiada; a causa de las deudas, también tuvieron que entregarla. Recibieron el plazo de treinta días para hacer los pagos atrasados o tendrían que desocupar el inmueble.

Los treinta días pasaron y no hubo solución. Después de conversar con la esposa y con los hijos, decidió orar con ellos y, una vez más, entregar todo en las manos de Dios. Temprano en la mañana prepararon la ropa y algunas pertenencias para desalojar la casa, pues todos los intentos habían fracasado.

Sonó el timbre. Al atender, recibieron un sobre de las manos de un hombre que rápidamente se fue. Preparado para más cobranzas, el padre comenzó a abrir el sobre. Lo primero que vio fue un papel con un mensaje: “Hice un relevamiento de sus deudas y las pagué todas. Los comprobantes están dentro de este sobre. Además, dejé el saldo de su cuenta bancaria positivo. La vida va a recomenzar”.

Con esta simple ilustración, ¿logras entender mejor la gracia salvadora? Es ella la que paga el precio, liberta, trae vida y renueva la esperanza. La gracia de Cristo nos basta (2 Cor. 12:19).