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Cuando lo imposible se hace posible

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“Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:3, 4).

En las reuniones de los líderes de la iglesia mundial son discutidos los desafíos y los planes para regiones muy complejas. Uno de los temas frecuentes es la predicación del evangelio en las grandes metrópolis del mundo. En muchas de estas gigantescas ciudades, la presencia adventista todavía es muy pequeña.

Si miramos la realidad de todo el mundo, la preocupación es aún mayor. En octubre de 2017, la población mundial llegó a los 7.600 millones de habitantes, pero los adventistas somos un poco más de 20 millones. ¿Cómo vamos a alcanzar a tantos con tan pocos?

Necesitamos comenzar con la seguridad de que esa obra es de Dios y no de seres humanos. Para nosotros es imposible, pero el Señor trabaja con milagros.

La iglesia apostólica inició con solo doce líderes y pocos fieles; su desafío era alcanzar a los más de doscientos millones de aquellos días. Los. apóstoles fueron tan exitosos que, en cincuenta años, el cristianismo se estableció en todo el mundo conocido.

El secreto fue la acción del Espíritu Santo. Esto, porque “no tiene límite la utilidad de quien, poniendo el yo a un lado, da lugar a la obra del Espíritu Santo en su corazón y lleva una vida dedicada por completo a Dios” (El ministerio de curación, p. 116).

La iglesia de hoy necesita al Espíritu Santo de la misma manera. Sin embargo, como alertó acertadamente Billy Graham: “Cerca del 95% de las actividades de la iglesia hoy podrían continuar si el Espíritu Santo fuese retirado de nosotros. En la iglesia apostólica, el 95% de todas las actividades habrían parado si el Espíritu Santo hubiese sido retirado”. Es necesario que entendamos que sin Dios somos completamente incapaces de cumplir la misión.

En Pentecostés, la iglesia tenía apenas 120 personas que buscaban el poder de lo Alto. Al caer la lluvia temprana, el resultado fue de 3 mil personas bautizadas. La pequeña congregación creció 25 veces en un único sermón. ¿Entiendes lo que el Espíritu Santo puede hacer cuando desciende sobre la iglesia? Las imposibilidades desaparecen. Está profetizado el derramamiento de la lluvia tardía para nuestros días. Clama por ese poder y forma parte del gran movimiento de salvación que Dios está desarrollando.