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Caballo de Troya

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“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14).

El sábado 29 de febrero de 1992, el predicador de la Iglesia Adventista Central de Curitiba (Paraná, Rep. del Brasil) era el pastor Enoch de Oliveira. Gran líder, excelente orador, profundo conocedor de la Palabra de Dios y de la historia de la Iglesia Adventista; él fue el primer sudamericano que presidió la División Sudamericana. Se jubiló en 1990, como vicepresidente de la iglesia mundial, después de 46 años de ministerio. Su fallecimiento fue el 10 de abril de 1992.

Uno de sus últimos sermones recibió un título intrigante: “Caballo de Troya dentro de la iglesia”. El mensaje era una advertencia contra los daños del secularismo. A continuación, comparto contigo algunas de las principales ideas de su predicación que pueden ser útiles 27 años después.

El título está basado en la historia de la invasión de Troya. En la narración, como el ejército griego no consiguió tomar la ciudad por la fuerza, resolvió construir un gran caballo de madera y “regalárselo” a la ciudad. El pueblo de Troya festejó la victoria y llevó al caballo adentro de las murallas. A la noche, mientras la población dormía, soldados escondidos dentro del caballo salieron y le abrieron las puertas de la ciudad al resto del ejército griego.

En su determinación por dominar al pueblo de Dios, el enemigo ha usado una estrategia semejante con la iglesia. Disfrazados de cosas buenas, valores seculares han sido introducidos en nuestro medio, lo que ha resultado en la pérdida de la fe y de la esperanza de mucha gente. Por esto, muchos no ven más a la iglesia como un movimiento profético, perdieron el sentido de la inminencia del regreso de Cristo y no sienten la urgencia de nuestra misión.

Después de reflexionar sobre esto, el pastor Enoch contó la historia de un campamento realizado en 1956 en las montañas del norte de Italia. Mientras nuestros jóvenes cantaban alrededor de una fogata, un hombre de cabellos blancos se aproximó y se sentó con ellos. Después, le dijo al pastor: “Nosotros, los valdenses, para salvar a nuestra juventud, aceptamos las bebidas alcohólicas, después construimos salones de baile al lado de las iglesias y, de concesión en concesión, perdimos a nuestros jóvenes. Hoy tenemos pasado pero estamos sin futuro. Continúen la obra que dejamos de cumplir”.

El mensaje del pastor Enoch terminó con una seguridad: “Puede parecer que la iglesia está por caer, pero no caerá” (Eventos de los últimos días, p.184). Después de un fuerte llamado al reavivamiento y la reforma, él dejó una pregunta, que yo repito ahora: “¿Tú tambiéntriunfarás con este movimiento?”