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¿CUÁNDO HAY QUE ALIGERAR LA CARGA?

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«Vengan a mi todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar». Mateo 11:28

¿Has tenido alguna vez los remos de una embarcación en tus manos? Es una sensación muy poderosa. Es gracias a los remos que se desplazan por el agua las canoas, las piraguas y las barcas. ¿Sabes cómo se llaman las partes de un remo? Pala, caña, guion y puño.

En los tiempos del profeta Jonás, los marineros estaban acostumbrados a remar, pero en una ocasión, cuando remaban hacia Tarsis, había una tormenta tan fuerte que era casi imposible llevar el barco hacia la costa. Ellos remaban y remaban, pero no lograban sacar la embarcación del ojo de la tormenta. «Para aligerar el barco, echaron toda la carga al mar» (Jonás 1:5), puesto que de esa forma sería más fácil alejarse de la tormenta. Pero no lograron nada. Finalmente clamaron a Dios, hicieron lo que el profeta Jonás les dijo y la tormenta se calmó.

Todo navegante sabe que, en medio de una tormenta, tiene que deshacerse de todo peso innecesario para que la nave avance. Dios también usa este procedimiento para nuestra vida. Hay cargas que a veces llevamos a cuestas y que nos alejan de Dios. Por eso Jesús nos dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar» (Mateo 11:28).

Desafío: Dibuja una gran almohada y coloréala; en el interior escribe el versículo que aprendimos hoy.