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¿Qué era un soldadito de plomo?

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«No depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso». Zacarías 4:6

¿Has oído hablar alguna vez de los soldaditos de plomo? A lo mejor tus abuelos tienen alguno, o tu papá. Durante un tiempo, eran muy populares entre los niños; eran los juguetes favoritos de muchos varones de tu edad. Hoy, los soldaditos de juguete son de plástico, y con ellos se forman ejércitos para jugar a la guerra. Aunque déjame decirte una cosa: las guerras no son nada divertidas. Son un asunto muy serio.

Cuando el rey David organizaba sus campañas militares, lo primero que hacía no era pensar en estrategias para la batalla. Lo primero que hacía era buscar la dirección de Dios, para que Dios le diera la victoria. «Así pues, el Señor le daba la victoria a David por dondequiera que iba» (1 Crónicas 18:6). Así fue que, durante su reinado y el de su hijo, muchos pueblos enemigos fueron derrotados por su ejército. De las victorias adquirían escudos de oro, objetos de bronce y de plata, y el rey David los entregaba a los sacerdotes para que hicieran utensilios para el templo (1 Crónicas 18:8).

A veces, en la vida, uno tiene que pelear batallas que, aunque no son con soldados y ejércitos, sí requieren fuerza, valentía y decisión. Pídele hoy a Jesús que te ayude a obtener la victoria. Porque «no depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso» (Zacarías 4:6).

Desafío: Dibuja un soldado y debajo escribe este hermoso versículo.