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¿Por qué nos cuesta acercarnos a la persona que hemos herido?

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«Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos». Apocalipsis 3:20

Cuando sabemos que le hemos hecho daño a alguien, por lo general nos cuesta ir a hablar con esa persona. Nos sentimos avergonzados, y el orgullo nos impide acercarnos para pedir perdón. Muchas veces es la persona lastimada quien nos sorprende, porque a pesar de que le hemos hecho daño, se acerca para ofrecernos nuevamente su amistad. Qué bonito es cuando eso sucede. La persona que es capaz de hacer eso demuestra una gran madurez espiritual y mucho amor.

En ocasiones, la Biblia registra situaciones en donde las personas, en lugar de acercarse, se alejaron. Pero lo que sí queda claro en la Biblia es que, en todos los casos en que el ser humano ha ofendido a Dios, Dios siempre fue al encuentro de esas personas para perdonarlas y restaurar la relación. En el huerto del Edén, Dios se acercó para hablar con Adán y Eva a pesar de que ellos habían desobedecido su palabra. También se acercó al pueblo de Israel una y otra vez a pesar de que ellos habían violado su pacto con él. Es una bendición saber que Dios nos perdona y nos da segundas y terceras oportunidades.

Hoy, como todos los días, el Señor quiere encontrarse contigo por medio de su Palabra. Él quiere ser tu amigo. Por eso te dice: «Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos (Apocalipsis 3:20). ¿Le abrirás la puerta? Espero que sí.

Desafío: ¿Cuál es tu horario para encontrarte con Dios? Dibuja un reloj con ese horario y coloréalo.