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¿Cómo flotan en el agua los grandes barcos?

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«Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!». Salmo 42:5

Hay dos razones por las que los barcos no se hunden en el agua: 1) porque la fuerza de empuje del agua es mayor que el peso del barco, y eso hace que flote; 2) porque están diseñados con cámaras de aire. Es increíble todo lo que el ser humano sabe hacer, gracias a la inteligencia que Dios nos ha dado.

Ir en barco es muy emocionante, pero si se hundiera, pasaríamos de la alegría a la desesperación en un instante. Esto les pasó a unos marineros que llevaban a Pablo y a otros presos en su gran barco. De pronto se desató una tormenta, el agua estaba entrando a la embarcación y hacía peso, de modo que se iban a hundir. Sin embargo, Pablo los tranquilizó a todos, haciéndoles saber que iban a estar a salvo. ¡Qué buena noticia! Y así ocurrió: llegaron a puerto con vida (Hechos 27:27-45).

Tres hermanitos suelen ir con su mamá en lancha a una escuela que está en una isla. Muchas veces, el río baja enfurecido o hay tormenta, pero ellos, sin angustiarse, cierran los ojos y le piden a Dios que los ayude a llegar al otro lado. Pronto llega la respuesta: el río se calma y la lancha se vuelve a estabilizar. Por eso, confía en Dios. «Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!» (Salmo 42:5).

Desafío: Dibuja un barco, recórtalo, y píntalo con colores alegres. Del otro lado escribe el versículo de hoy y pégalo en tu cuarto.