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¿Qué eliges: obedecer o desobedecer?

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«Donde no hay dirección divina, no hay orden, ¡feliz el pueblo que cumple la ley de Dios!». Proverbios 29: 18

Cuenta el libro de Deuteronomio que Moisés ordenó a seis de las doce tribus de Israel que se reunieran en un monte. Allí quería darles un discurso antes de entrar a la tierra prometida. Moisés hizo saber a todos cuáles serían las bendiciones de obedecer la Ley de Dios. Por otra parte, ordenó a las otras seis tribus que se reunieran al pie de otro monte, que estaba justo en frente del primero. Allí quería darles un discurso sobre las maldiciones que sufrirían por no obedecer la Ley.

Recibir las bendiciones o las maldiciones implicaba tomar primero una decisión. En la vida cristiana, sucede algo similar. La mayor bendición que Dios nos ofrece es la salvación, y nos da ese don si decidimos seguir a Cristo. Seguir a Cristo es andar en sus caminos, mantenernos fieles a su Ley. Eso no quiere decir que nunca vaya a pasarte nada malo (como la muerte de un ser querido, una enfermedad o el divorcio de tus padres). Lo que quiere decir es que Jesús tiene un futuro mejor preparado para ti, que es la vida eterna, y que mientras estemos en este mundo, nos acompañará y será nuestro mejor amigo. Ahora bien, tenemos la elección de decidir no obedecer a Dios, y las consecuencias son mucho más terribles, porque una vida sin Dios es triste, solitaria y sin propósito. A ti te toca elegir: ¿el monte de la bendición o el de la maldición?

¿Por qué es tan importante guardar la Ley? Porque Dios quiere lo mejor para ti y desea tu felicidad. «Donde no hay dirección divina, no hay orden, ¡feliz el pueblo que cumple la ley de Dios!» (Proverbios 29: 18).

Desafío:Escribe qué bendiciones recibes al guardar los mandamientos. Léeselas a tus padres.