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La historia todavía no terminó

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“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:8).

El tipo de compromiso cristiano retratado en el versículo de hoy me trae a la memoria una carta que recibí de un joven adventista hace algún tiempo. Estaba decepcionado con Dios por no haber aprobado el examen de ingreso a la universidad. Contó que un grupo de jóvenes adventistas estaba preparándose para el ingreso en la misma universidad, hasta que descubrieron que el examen se tomaría un sábado. El grupo se dividió. Una parte decidió hacer la prueba, de todos modos, en horas sagradas; otros lucharon por hacerla después de la puesta del sol. Quedaron encerrados en un aula durante la tarde del sábado, y a la noche rindieron el examen.

Todos los que fueron fieles en la observancia del sábado reprobaron; los que no respetaron el día del Señor aprobaron. El joven que me envió la carta no aceptaba que su fidelidad terminara de aquella manera. Le respondí, destacando una frase: "La historia todavía no terminó". Por más que el resultado inmediato pareciera negativo, Dios tenía un plan mayor.

Todos enfrentamos pruebas de fidelidad. Algunos recibieron grandes milagros y siguen adelante; otros parecen derrotados. Son pérdidas de empleos, familias divididas, años de estudios "sin sentido" o promociones no recibidas; todo, para mantenerse del lado de Dios. La vida con Dios, sin embargo, nunca tiene un solo capítulo.

Algunos ejemplos de la Biblia nos ayudan a entender mejor esa situación; pero Jesús es el mejor ejemplo de todos. Él fue completamente fiel. Vivió para amar, ayudar, salvar, y terminó en una cruz. A los ojos humanos, parecía derrotado; pero la historia todavía no había terminado. Cristo resucitó, venció al pecado y a la muerte, subió al cielo y vendrá por segunda vez como Rey para rescatar a sus hijos fieles.

Necesitamos ver el escenario más amplio. Algunas veces perdemos Una batalla, pero al final ganamos la guerra. Otras veces, Dios abre puertas inmediatamente, y ocurre el milagro. En algunas situaciones, demora algún tiempo entender cómo está actuando el Señor. En otros casos, recién en la eternidad se nos revelará lo que realmente ocurrió. En cualquier situación, lo importante es confiar en la dirección divina y no concentrarse en las dificultades. A fin de cuentas, ese no es el fin de la historia; es apenas un paso más en dirección de las victorias que Dios ha preparado para sus hijos fieles.