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¿Dónde está el cordero?

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“Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” (Génesis 22:7).

El viaje de Abraham hasta Moriah fue difícil. Es posible que haya caminado lentamente, mientras observaba a su hijo. Era el viaje final. En el monte indicado por Dios terminaría la historia del hijo de la promesa.

Finalmente, el momento había llegado. Los siervos quedaron en un punto del camino y el padre subió al monte con su hijo, para el sacrificio. ¿Te recuerda algo más esta escena? Siglos más tarde, el Padre caminó con el Hijo hacia el lugar del mayor sacrificio. Todo tenía un simbolismo.

Abraham construyó el altar con calma. Debía ser el mejor de todos, porque allí no estaría un cordero sino su propio hijo. La imagen quedaría grabada en su mente para siempre.

El momento más difícil fue cuando Isaac hizo la pregunta que Abraham prefería no responder: “He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Tú conoces la historia; pero la pregunta merece una reflexión: “¿Dónde está el cordero?”

Jesús es “el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). ¿Qué lugar ocupa él en tu vida? Cuando sales corriendo por la mañana, ¿dónde está el Cordero? Cuando haces tus pruebas en el colegio o en la universidad, ¿dónde está el Cordero? Cuando ves gente sufriendo a tu alrededor, ¿dónde está el Cordero? Cuando llegas tarde por la noche a tu casa, cansado de tus intensas actividades del día, ¿dónde queda el Cordero? No te engañes: “Quien huye de Dios por la mañana difícilmente lo encontrará en el resto del día” (John Bunyan).

Hay mucha gente que coloca el corazón en la piedra, en la leña o en el fuego, pero se está olvidando del Cordero. ¿Has dedicado tiempo a la oración, al estudio de la Biblia, de la lección de la Escuela Sabática y de los escritos de Elena de White? ¿Qué prioridad tiene el alimento espiritual en tu agenda? “Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: ‘Tómame, ¡oh, Señor!, como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio'” (El camino a Cristo. p. 60). No pierdas de vista al Cordero. Él asumió tu lugar en el sacrificio. Él es la garantía de tu felicidad eterna.