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Muertos vivos

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“Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:5).

 El 14 de noviembre de 2014, la red británica de noticias, la BBC, publicó la historia de Janina Kolkiewicz, de 91 años, que fue declarada muerta, incluso con certificado de defunción. Pero después de once horas en la cámara fría de una morgue, sorprendió a todos al moverse. Se llamó a la policía, el entierro fue cancelado... y ella regresó a su casa. ¡La “muerta” estaba viva! Tanto su familia como el médico que la examinó quedaron en estado de shock.

Desde el punto de vista espiritual, la condición de algunas iglesias se asemeja a lo que le ocurrió a Janina. El diagnóstico es fácil: hay falta de interés en la consagración, los cultos son mecánicos y sin vida, el templo está descuidado, no se ven adolescentes ni jóvenes involucrados ni hay compromiso con la misión. El ambiente es frío, las personas viven de apariencias, poco se habla del estudio de la Biblia y de la oración. Los sermones son superficiales, no hay estudio de las profecías, y el estilo de vida es sin compromiso real. Es como si Dios hubiera sido colocado del lado de afuera de su propia casa.

¡Pero hay esperanza! Esos muertos-vivos necesitan un reavivamiento. El mismo poder que les dio vida a los huesos secos de Ezequiel 37 resucitará “la verdadera piedad en nuestro medio” (Mensajes selectos, t. 1, p.147).

Este movimiento, necesario y urgente, no está relacionado con predicadores carismáticos, cantantes famosos, espectáculos apelativos, programas superficiales; ni mucho menos con gente de semblante abatido y espíritu negativo. El reavivamiento no se produce con el cambio de la forma, sino del contenido.

Elena de White declara: “Solo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento” (Mensajes selectos, t. 1, p. 147). En nuestra vida, la oración debe ser siempre el primer recurso, y no la última alternativa, cuando las otras fallaron. Solamente así, con una vida de oración, el Espíritu Santo nos hará revivir, como en la visión del valle de los huesos secos de Ezequiel.

Recuerda que los hijos de Dios siempre ganan sus batallas de rodillas. Por eso, hoy y siempre haz de la oración tu arma más poderosa; todo el mundo tendrá la plena seguridad de que estás vivo espiritualmente.