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El cielo en la iglesia

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“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

Al leer el libro Testimonios para la iglesia, encontré un texto que me dejó muy impresionado: “Si el pueblo de Dios apreciara su Palabra, tendríamos un cielo en la iglesia aquí en la Tierra” (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 205). "Un cielo en la iglesia aquí en la Tierra". ¡Qué ideal! ¡Qué sueño! Necesitamos ser, o volver a ser, el pueblo de la Biblia.

Pensando en la vida cotidiana de los pastores y los líderes de la iglesia, vemos cuánto tiempo es utilizado en problemas que no necesitan existir. Algunas veces, el radicalismo; en otros momentos, el liberalismo. Son cuestiones de egoísmo o del “yo creo que...”, de gente que desea beneficiarse o criticar a la iglesia. Si buscáramos más la Biblia, ¡todo podría ser diferente!

Necesitamos tener hambre de la Palabra y priorizarla por sobre todos los intereses personales. El resultado va a ser el cielo en la iglesia. Hasta el cansancio, el exceso de trabajo u otros intereses perderán su fuerza.

Vamos a unimos como iglesia para traer de manera más clara el cielo a nuestra vida. Necesitamos hacer eso de forma particular, pero también estimular -aún más- la lectura de la Biblia para la edificación de la iglesia.

Ese es el camino para experimentar la iglesia dé los sueños de Dios. Eso es posible.

Dediquemos más tiempo a estudiar la Biblia, fortaleciendo nuestra caminata diaria, profunda y permanente con el Señor, a primera hora de cada día. Si hay falta de voluntad, no hay otro camino que no sea comenzar. “Cuanto más escudriñéis las Escrituras con corazón humilde, tanto mayor será vuestro interés” (Consejos para la iglesia, p. 127).

Exploremos más la Biblia en nuestra familia, principalmente en la educación de nuestros hijos. El consejo es claro: “No importa qué otra cosa se enseñe en el hogar o la escuela, la Biblia, como la gran educadora, debe ocupar el primer lugar. Si se le da su lugar, se honra a Dios y él obrará en Vuestro favor convirtiendo a vuestros hijos” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 301). Cuando se enseña a los hijos a amar la Biblia, la guardan en el Corazón para siempre y el Cielo se hace presente en la vida personal, en la familia y en la escuela.

Cerquemos nuestra vida con la Palabra de Dios, y las bendiciones del Cielo caerán sin medida sobre nosotros individualmente, como familia, como iglesia.