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Las palabras correctas

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“Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37).

Con mucha sabiduría, alguien escribió que “el hábito de hablar con Dios cambia la manera de hablar con las personas”. ¡Qué profunda verdad! La calidad de nuestra religión se revela por medio de nuestras actitudes. Cuanto más cerca de Dios estemos, más nuestras palabras, opiniones, comportamientos y relaciones lo reflejarán. Hasta el testimonio personal tendrá otro efecto. Como dijo Dwight Moody: “De cien hombres, uno leerá la Biblia; 99 leerán al propio cristiano”.

Sin duda alguna, podemos defender nuestras posiciones, especialmente cuando son bíblicas y verdaderas. La cuestión está en cómo hacerla. Debemos recordar que defender un punto de vista con clase forma parte de la espiritualidad cristiana. En el área del liderazgo, es común decir que el problema no siempre es el problema, sino cómo se trata el problema.

Hace algún tiempo, en una de nuestras iglesias, alguien se excedió en su participación. Una persona que asistía al programa filmó con el celular y lo compartió en una red social. Fue suficiente para que millares de personas le dieran “Me gusta”, Io reenviaran e hicieran duros comentarios.

No quiero discutir el mérito de esa situación, sino la reacción de las personas. Las palabras agresivas y de bajo nivel me dejaron preocupado, y hasta avergonzado. ¿Cuál fue la impresión de aquellos que no son miembros de nuestra iglesia al leer aquellos comentarios? ¿Reconocieron que somos un pueblo transformado por la gracia? Algunos comentarios usaron palabras tan duras que fueron peores que el problema en sí.

Escondidos en el anonimato de Internet, detrás de la pantalla de una computadora, sin el contacto personal, algunos exponen lo peor de sí mismos. Dan lugar al acusador y, al actuar de esa manera, no permiten que el Consolador los utilice. Ellos se olvidan de que por nuestras palabras seremos justificados o condenados (Mat. 12:37).

¿Por qué no usar palabras equilibradas, dar consejos sabios, y orar por las situaciones y por los involucrados? En definitiva, como observó un conocido líder cristiano: “Las personas pueden rechazar nuestro amor o rechazar nuestras palabras, pero no tienen defensa contra nuestras oraciones”.

En toda situación, usemos las palabras correctas; aquellas que el sabio llama “manzanas de oro con figuras de plata” (Prov. 25:11). Palabras positivas, incluso en situaciones negativas. Palabras que edifican, que curan, que motivan y que levantan.