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La elección correcta

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“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:42).

En su primera visita a Betania, después de un agotador viaje viniendo desde Jericó, Jesús encontró refugio en la casa de Lázaro, Marta y María. Queriendo demostrar hospitalidad y ofrecer lo mejor al invitado, Marta trabajaba incesantemente. Por su parte, María aprovechaba cada minuto para ser alimentada por las palabras del Señor. Ambas hacían lo que era importante, pero solamente María eligió lo que era fundamental. Con amor, Jesús evaluó la postura de las dos y declaró: "María ha escogido la buena parte" (Luc. 10:42).

La iglesia necesita de Martas y de Marías. Somos beneficiados por personas dedicadas, activas, apasionadas y que hacen que las cosas ocurran, como Marta. Pero somos sustentados por las Marías, que hacen de la consagración algo más importante que la dedicación. Toda Marta primero necesita ser María, porque si no tiene tiempo para Dios vivirá perdiendo el tiempo. No podemos permitir que nuestra actividad sea más fuerte o más importante que nuestra espiritualidad.

María no dudó en dedicar lo mejor de su tiempo al Señor. Su amor, su respeto y su admiración por el Maestro la llevaron a sacrificarse por él, honrándolo y ungiendo su cuerpo con lágrimas y un carísimo frasco de perfume. No se preocupó por su imagen personal e hizo por Cristo, en vida, lo que otros solamente tuvieron el valor para hacer después de su muerte.

“La ‘una cosa’ que Marta necesitaba era un espíritu de calma y devoción, una ansiedad más profunda por el conocimiento referente a la vida futura e inmortal, y las gracias necesarias para el progreso espiritual. Necesitaba menos preocupación por las cosas pasajeras y más por las cosas que perduran para siempre” (El Deseado de todas las gentes, p. 483). Se nos llama hoya la misma decisión: “Si alguien se dedica a negocios que le impiden progresar en la vida divina y perfeccionar la santidad en el temor de Dios, cambie de negocio para que pueda tener a Jesús junto a sí cada hora del día” (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 211).

Cada día somos expuestos a muchas decisiones. Necesitamos la dirección de Dios para hacer lo que es correcto. Eso solamente será realidad si, como María, colocamos nuestra vida a los pies del Salvador. Vive con esa perspectiva, y siempre escucharás, por la fe, “a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (Isa. 30:21).