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¿Suerte o bendición?

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“Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30).

¿Has notado cuántas veces atribuimos a la buena suerte o a la mala suerte los hechos positivos o los negativos que nos suceden? ¿Crees que son realmente fruto de la casualidad? ¿Ocurrieron porque estabas en el lugar correcto en el momento adecuado? ¿No salieron bien porque no era tu día? ¿Crees en la coincidencia o en la providencia, en la suerte o en la bendición?

Las preguntas parecen obvias para un cristiano, pero necesitan llevarnos a reflexionar sobre el contraste entre lo que realmente creemos, cómo nos expresamos y cuánto termina eso demostrando ingratitud y falta de respeto hacia el Señor.

La Biblia no incentiva la creencia de que las cosas suceden por casualidad. El propio Jesús fue claro al mencionar que nada ocurre sin el conocimiento del Padre. y él es tan preciso que “les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza” (Mat. 10:30, NVI).

Entonces, ¿por qué llamar “suerte” a las bendiciones de Dios y mala suerte a los desafíos que nos permite enfrentar? Si “todas las cosas les ayudan a bien [a los que aman a Dios]” (Rom. 8:28), ¿por qué definir como mala suerte lo negativo que sobreviene en nuestra vida y como suerte lo positivo, cuando todas son cosas permitidas por Dios para para moldear el carácter y proporcionar salvación?

Sobre este asunto, Elena de White enseñó que “los hombres a menudo oran y lloran debido a las perplejidades y los obstáculos que deben arrostrar. Pero es el propósito de Dios que enfrenten perplejidades y obstáculos y, si mantienen firmemente hasta el fin su confianza como al principio [...] les despejará el camino. Los que luchen perseverantemente contra dificultades aparentemente insuperables tendrán éxito, y con el éxito vendrá también el más grande gozo” (Alza tus ojos, p. 114).

Lo que parece pérdida puede transformarse en ganancia, y lo que parece ganancia puede terminar siendo una pérdida, porque como dijo Roosevelt Marsden: “Nuestra fe no está en las bendiciones de Dios, sino en el Dios de las bendiciones”.

Vive cada día con la seguridad de que no se derraman "lágrimas sin que él lo note. No hay sonrisa que para él pase inadvertida” (El camino a Cristo, p. 73). Deja de lado la buena suerte o la mala suerte, y entrega tu vida en las manos del Señor, porque “si tú temes a Dios, no hay necesidad que temas nada más” (John Mason). ¡Dios está por sobre la casualidad!