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La esperanza vence al miedo

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“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Romanos 12:12).

Luego de pasar por el cuadragésimo piso en el ascensor del Empire State Building, uno de los edificios más altos del mundo, el niño tiró del saco de su padre y le preguntó: "Papá, ¿sabe Jesús que estamos yendo al cielo?"

Sin duda, ir al cielo es nuestra gran esperanza. La Biblia confirma esa promesa de Jesús 1,845 veces. “Sintámonos alentados por el pensamiento de que el Señor vendrá pronto” (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 259).

La expectativa en relación con los eventos que anteceden al regreso del Señor llena de temor el corazón de algunos. El miedo y la esperanza no combinan; uno anula al otro. Muchas personas no entienden la función de las señales del fin en la preparación para el regreso de Cristo. Estas señales son indicadores, no protagonistas. Debemos seguirlas con los ojos, pero apegamos a Jesús con el corazón. Si no es así, estos eventos provocarán agitación, alarmismo, engaño y miedo. El objetivo debe ser la preparación, no la especulación.

El tiempo de angustia, por ejemplo, con sus elementos de persecución, sufrimiento y muerte, ha sido fuente de miedo para algunos. Para que eso no suceda, es necesario conocer las dos tribulaciones que se profetizan en la Biblia.

La primera está en Mateo 24:21,22 y 29 al 30. Es la que “desde el principio del mundo hasta ahora no ha habido ni habrá jamás” (vers. 21). Tiene un 'antes y un después; por eso, no se refiere al tiempo del fin. Nunca se repetirá en extensión e intensidad. Representa los 1,260 años de persecución del pueblo de Dios durante la Edad Media (538-1798 d.C.). Se trata de la angustia de los justos, que fue abreviada por el Señor (vers. 22). Justo después de esta angustia aparecen las señales en el Sol, la Luna y las estrellas (vers. 29), que anuncian el tiempo del fin.

La segunda está representada en Daniel 12:1. Según el profeta, esta tribulación ocurrirá en el fin de la historia humana. Para los impíos, será una angustia como nunca antes hubo, pues enfrentarán plagas. Para los justos, será simplemente la angustia de Jacob, pues servirá como preparación adicional para la vida en el cielo.

Para quien confía en Jesús, la esperanza vence al miedo. Coloca tu vida en las manos de Dios, ama el mensaje de la Segunda Venida y vive en paz con relación al futuro.