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"Opinionismo"

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“Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17).

La opinión de un joven adventista me llamó la atención: "Si la iglesia sostiene que no debo ir al cine, la dejo y sigo mi propio camino". Eso me impresionó, pues él asumía que entre la orientación de la iglesia y sus propias opiniones se quedaría con las segundas.

Esa es la esencia del “opinionismo”: construir las propias verdades, con base en sentimientos como “yo creo”, “a mí me gusta”, “me siento bien así”. “cada uno tiene su verdad”. Los individuos que actúan de esa manera muchas veces tienen conceptos muy bien elaborados, atraen a personas inteligentes y causan polémicas, pero se hacen más difíciles de alcanzar por la Palabra del Señor.

Sin duda, nuestro mensaje debe ser bíblico, profundo y teológico. Nadie creerá un mensaje sin fundamento ni relevancia para nuestros días. No podemos dar respuestas del siglo XIX a preguntas del siglo XXI. La cuestión tiene que ver con el tipo de lógica que adoptaremos: ¿personal o bíblica? ¿Usaremos el “opinionismo” como base de la verdad personal o cavaremos más profundo en la Biblia y en los escritos de Elena de White en búsqueda de la voluntad de Dios?

Otro efecto colateral del “opinionismo” es la constante búsqueda de novedades para suplir el vacío espiritual. No hay problema con lo nuevo, pues los nuevos tiempos exigen nuevos métodos. La crisis se revela cuando las novedades buscan solo la satisfacción personal. Eso aparece en nuevas formas de culto, nuevos formatos de iglesia, apariencia personal más contemporánea, estilo de alabanza más fuerte, estilo de vida más abierto. Y la lista podría continuar.

Estamos tremendamente expuestos a los riesgos del “opinionismo”. Muchas de nuestras discusiones sobre temas teológicos, eclesiológicos y de crecimiento espiritual se han hecho sin la Biblia o los escritos de Elena de White. Usamos a grandes pensadores para defender una opinión humana, pero no profundizamos en la Revelación en busca de la orientación divina. Nuestra única seguridad está en la fidelidad a la Palabra.

Poco antes del regreso de Jesús, los ataques de Satanás serán intensos y sutiles (El conflicto de los siglos, p.11). ¿Cómo reconoceremos sus engaños si intentamos enfrentar las cuestiones espirituales solo con opiniones personales?