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Todavía habla

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"Por la fe Abel... muerto, aún habla" (Hebreos 11:4).

Aquel fue un sermón inolvidable. Sentado en una silla de ruedas, a los 94 años, hablando con dificultad, y casi sin poder moverse, un gigante de la predicación del evangelio en Sudamérica (¿y por qué no decir del mundo?) predicaba en un concilio de pastores. A pesar de sus limitaciones físicas, exponía con entusiasmo el tema del regreso de Jesús. Ese mensaje me dejó fuertes marcas.

La vida del pastor Moisés Nigri fue una inspiración para todos los que lo conocieron. Nació en1914, en Río de Janeiro, y era hijo de padre judío y madre católica. Conoció a Jesús y se bautizó en agosto de 1932 en la Iglesia Adventista Pionera de Meier, en Río de Janeiro. En 1935, decidió estudiar teología en el antiguo Colegio Adventista Brasileño (actual UNASP, San Pablo). En 1952, fue elegido como secretario de la División Sudamericana. Fue el primer obrero local en ocupar esa función.

En 1970, fue elegido vicepresidente de la iglesia mundial y así se convirtió en el primer latino, de habla no inglesa, en servir en esa función. Se jubiló en 1980, pero continuó sirviendo intensamente como voluntario.

El 20 de febrero de 2010, fue invitado a predicar en San Pablo y habló sobre su tema favorito: el regreso de Jesús. Durante el mensaje, abrió su corazón: "Le he pedido a Dios que me permitiera vivir cien años, para ver a Jesús volver. No puedo creer algo diferente, pero pienso que este puede, ser mi último sermón". De hecho, ese fue su último sermón, en vida. En la madrugada del domingo, tuvo un accidente en su casa, se fracturó el fémur, fue llevado al hospital, y el 4 de marzo descansó.

La predicación de hombres como Moisés Nigri no cesa con la muerte de ellos. Su mensaje continúa haciendo eco por medio de su legado y ejerce una gran influencia en la vida de aquellos que siguen sus pasos. Sin duda el texto que usted está leyendo es una prueba de que el pastor Nigri, "muerto, aún habla".

De acuerdo con el texto bíblico de hoy, esa fue la realidad del justo Abel y de muchos gigantes del pasado. Esta puede ser también tu realidad. Entrégate en las manos de Dios y él hablará por medio de ti, aun cuando tu voz ya no se escuche.