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Herencia

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"Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2 Timoteo 1:9).

En 2010, el hermano del indigente estadounidense Max Melitzer murió y le dejó una pequeña fortuna como herencia. Como la familia había perdido contacto con él, nadie sabía dónde encontrarlo. Durante dos meses, se hizo una verdadera búsqueda del tesoro a fin de encontrarlo. Finalmente, el heredero fue localizado en un parque, con un carrito de supermercado en el que estaban todas sus pertenencias.

Además de resultar impresionantes, historias como esta pueden ilustrar importantes cuestiones espirituales. Piensa por un momento: ¿cómo reaccionarías ante una situación semejante? Probablemente no lo creerías, ya que la noticia parecería demasiado buena para ser verdad. Una fortuna gratis para alguien que está en la miseria, lejos de su familia y que cree que no merece nada... Situaciones como esta son poco comunes, pero es exactamente eso lo que el evangelio hace en la vida de todo aquel que cree en Jesús. Recuerda algunas características fundamentales de la "herencia" que recibimos de nuestro Hermano mayor.

La gracia es inmerecida. No hicimos nada para merecerla, pero aun así Dios insiste en ofrecemos su regalo. La consecuencia de nuestros errores debería ser la muerte, pero él nos ofrece la vida. "No debemos pensar que nos salvan nuestra propia gracia y méritos. La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación" (Mensajes selectos, t. 1, p. 423).

La gracia no se cuestiona. ¿Quiénes somos nosotros para cuestionar la infinita bondad de Dios por nosotros o criticar su misericordia con personas que creemos que son "peores" que nosotros?

La gracia debe ser recibida. Según Mire Tokics: "La gracia es gracia porque se da a quienes no la merecen, pero no se les da a quienes se resisten a aceptarla", Solo la recibirás si caes de rodillas, confiesas tus pecados, y clamas por perdón, paz y salvación. Si no es así, solo será una teoría.

La gracia debe ser ofrecida. Si Dios es tan misericordioso con nuestros errores, ¿no deberíamos nosotros también serlo unos con otros? Recuerda: "Quien no perdona destruye el puente sobre el cual él mismo debe pasar" (George Herbert). 

Cree en la herencia incalculable de la gracia de Jesús. Con ella, dejarás la miseria de la perdición y recibirás la riqueza de la salvación