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Anestesia de Dios

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"Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración" (Romanos 12:12).

Yo tenía ganas de pedirle disculpas a nuestro perro por pertenecer a la raza humana. Cuanto más entrábamos en el campo de concentración y veíamos los esqueletos revestidos de piel y las instalaciones características del campo de exterminio, más me sentía inferior al perro, porque, como persona, yo pertenecía a la raza responsable de Dachau", Así describió el rabino militar estadounidense Eli Bohnen sus sentimientos en el momento de la liberación del campo de concentración de Dachau, el 29 de abril de 1945, hace exactamente 74 años.

Construido en 1933, fue el primer campo de concentración nazi. Llegó a tener 188 mil prisioneros, provenientes de 30 países. Según los propios registros nazis, 31,951 rehenes fueron ejecutados, pero el número debió haber sido mucho mayor. Otras investigaciones indican que por lo menos 3 mil religiosos también estuvieron cautivos allí. Doce años después, llegó el día de la liberación. Poco más de 30 mil personas fueron rescatadas por las tropas armadas estadounidenses.

Situaciones como esas nos llevan a pensar en los últimos días, cuando, según la Biblia, muchos serán perseguidos y oprimidos por su fe. Algunas de las escenas de Dachau se repetirán. Según Elena de White: "Los tiempos de aflicción y angustia que nos esperan requieren una fe capaz de soportar el cansancio, la demora y el hambre; una fe que no desmaye aunque sea probada severamente" (El conflicto de los siglos, p. 679).

¿Cómo podremos resistir ante una situación tan desafiante? Me gusta pensar en la anestesia de Dios. Para entenderla, solo debemos recordar a los mártires que dieron la vida por su fe. La historia cuenta que muchos murieron quemados o devorados por fieras mientras cantaban y oraban. ¿Cómo alguien puede cantar mientras lo están quemando vivo?

Es necesario entender que, cuando un hijo de Dios llega al límite de su fe,  Dios lo toma en sus manos y lo "anestesia". Este "procedimiento" no impide el dolor físico, pero tranquiliza el corazón y llena la vida de esperanza al realzar en la mente del mártir el galardón futuro.

En el momento indicado, como en Dachau, el Señor dará liberación. Solamente lograremos enfrentar la persecución si permanecemos pacientes en las pruebas y constantes en la oración. Los "pacientes" de Dios son siempre "anestesiados" con paz, fe y esperanza.