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Detrás de las selfies

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"Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón" (1 Samuel 16:7).

Ya debes haber escuchado varias veces la palabra selfie. Este término se ha vuelto tan importante que, en 2013, fue elegida como palabra del año por el diccionario Oxford. Pero, ¿qué es realmente una selfie? En general, es una fotografía digital que alguien se toma a sí mismo. El inventor del concepto de auto foto fue el alemán Robert Cornelius, en 1839. Sin embargo, la palabra selfie comenzó a ser usada con ese sentido recién en 2002. Más tarde, las redes sociales se volvieron las grandes promotoras de este tipo de fotografías.

Los números son impresionantes. Desde 2013, cuando el estilo selfie explotó en Internet, hasta finales de 2016, Instagram registró más de 282 millones de autofotos publicadas, y ese número crece rápidamente día a día.

El fenómeno es tan fuerte que los estudiosos han intentado entender por qué representa el crecimiento de esas publicaciones. Un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia, en los Estados Unidos, dedicado al área de ciencias de la computación, decidió ir más a fondo en el tema. Durante tres meses, analizaron 2,5 millones de registros publicados en Instagram y divulgaron un perfil de quien publica selfies en la Revista de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial.

En un artículo de la revista Psychology Today [Psicología hoy], Pamela Rutledge, directora de Psicología y Medios del Centro de Investigación en Boston, afirmó que "las selfies, con mucha frecuencia, tienen el poder de provocar una búsqueda excesiva de atención y de dependencia social, indicadores de baja auto estima y narcisismo personal".

Por medio de ellas, la mayoría de las personas intenta crear un mundo imaginario que traiga realización y aprobación, no importa cuán ilusorio sea este. Quienes se toman selfies hacen poses y sonrisas, muestran amigos, lugares y realizaciones personales que proyectan un ideal que pocas veces refleja la realidad. Ese exceso de exhibición exterior solo aumenta la pobreza interior; revela vidas que están en una búsqueda constante de propósito.

¿No crees que el objetivo está fuera de lugar? Nuestra mayor preocupación debe estar en la aprobación divina y no en la cantidad de "me gusta" o elogios que recibimos en las redes sociales. Tú puedes impresionar a las personas, pero Dios ve más allá y observa tu corazón. ¿Por qué no decidimos alimentar menos el yo y más a Dios? Disminuye el tiempo que gastas en ilusión y autoexposición, y aumenta el tiempo de consagración. De esta manera, no habrá ilusión virtual, sino felicidad real.