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Héroes de la fe

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"Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24).

Dios siempre tuvo un pueblo fiel. Incluso en los períodos más difíciles, un remanente arriesgó la vida para mantener encendida la antorcha de la verdad. Entre ellos, se destacan los valdenses. El nombre viene de Pedro Valdo, un comerciante francés cuya mayor ambición era agradar a Dios. Él leyó la Biblia y llegó a la conclusión de que debería vender todo, distribuir sus bienes a los pobres, llevar una vida modesta y ser fiel a la Palabra de Dios.

Decidió, entonces, ir a Roma y pedirle al Papa Alejandro III continuar predicando. El Papa aseguró que lo autorizaría en caso de que el arzobispo lo permitiera. Sin embargo, además de no recibir el permiso, Valdo y el resto del grupo comenzaron a ser perseguidos y huyeron a la región de Piamonte, al noroeste de Italia. A partir de allí, a pesar de la renuncia y el sufrimiento, difundieron la luz del evangelio a muchas personas.

El corazón de ellos estaba en nuestra gran esperanza. De acuerdo con Elena de White, los valdenses "creían que no distaba mucho el fin de todas las cosas, y al estudiar la Biblia con oración y lágrimas, tanto más los impresionaban sus preciosas enseñanzas y la obligación que tenían de dar a conocer a otros sus verdades" (El conflicto de los siglos, pp. 77. 78).

Los valdenses confiaban en Dios y vivían enteramente para predicar el evangelio. Tenían la Biblia traducida a su idioma gracias al esfuerzo de copiarla y memorizarla versículo a versículo, como fuente de constante paz y ánimo.

¡Qué tremendo testimonio de fe! Un grupo de valdenses que huía de la persecución vino a Sudamérica y formó, en Uruguay, la Colonia Valdense. Hoy, varios de sus descendientes son adventistas del séptimo día. Tenemos una iglesia con más de cien miembros en el corazón de la comunidad. El desafío está ahora en nuestras manos. La mensajera del Señor dice: "Hagan la obra que esté a su alcance. [ ... ] Consideren a los valdenses. Vean qué planes trazaron ellos para que la luz del evangelio pudiera brillar en las mentes entenebrecidas" (El colportor evangélico, p. 78).

El Señor está buscando "valdenses" para nuestros días. Personas dispuestas, si es necesario, a entregar su vida para mantener la fidelidad y cumplir la misión. Ojalá que tú y yo seamos esas personas.